Fuego amigo en las elecciones: un frente más de la guerra sucia

 

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Cuando  Winston Churchill fue cuestionado sobre cuántos enemigos tenía, respondió: “Yo sólo tengo dos enemigos: los nazis y mis compañeros de partido”.

Sirva de introducción la anécdota del inglés para ver qué está pasando en México: ¿Cómo se golpean entre sí los compañeros de partido?

El fuego amigo se presenta, sobre todo, en el momento de elegir un candidato o dirigente de partido. En las elecciones internas existen reglas escritas para dirimir los procesos. Pero, aparejadas a esas reglas, existen las normas no escritas de las batallas sucias. Hablamos de  las técnicas para difamar, frenar, golpear y hacer caer al compañero.

Un modo del fuego amigo es “el cruce de favores” entre dos diversos presidentes de partido quienes  se ponen de acuerdo para, hablando en términos padrinescos, “quitarse una piedra del zapato”.

Cuando el presidente del “partido 1”tiene un enemigo interno al que no puede frenar y le cuesta trabajo controlar, lo que hace es pasar “datos negros” al presidente de otro “partido 2” para que éste haga la denuncia pública. Una vez sembrada la cadena de desprestigio, el presidente del partido 1 tiene argumentos para negar el registro a su enemigo interno.

-Híjole amigo, qué crees. Te cayeron. Ya tenías la candidatura. Para mí eras el ideal, pero pues con esa denuncia de estos hijos de la chingada, no se puede. Vas a tener que renunciar…

En esta cadena, el dirigente del Partido 1 le debe un favor al dirigente del Partido 2. Y dicho favor será cobrado tarde o temprano.

En las famosas mesas de concertación, los presidentes de diversos Partidos acuerdan intercambios de triunfos.  Este método consiste en poner candidatos débiles que garanticen, por ejemplo, la derrota en cierto municipio.

Se puede expresar en esta frase: yo te dejo este municipio, pero tú me dejas este otro. Yo pongo un candidato débil aquí, pero tú pones un candidato débil allá. Yo te entregó esta plaza, pero tú te rindes en esta otra. Yo te pongo a este pendejo, pero tú me pones otro.

En un acuerdo de esta naturaleza la elección está entregada desde antes de los comicios. Los candidatos sólo son títeres. El proceso electoral sólo es una justificación para ratificar en las urnas lo acordado en la mesa.

En muchas ocasiones algún candidato incómodo logra imponerse a sus dirigentes y ganarles una elección interna. Los dirigentes quedan dolidos y ven en su adversario un potencial enemigo que en un futuro mediato los puede desplazar de la presidencia del Partido. Por ello es urgente ponerle al “candidato incómodo” todas las trabas posibles.

El modo de ponerle obstáculos es variado. Por ejemplo, ya en las elecciones constitucionales, al candidato incómodo se le ofrecen importantes recursos publicitarios y económicos para que saque adelante su elección. Este se siente feliz porque le van a dar “todo el apoyo” y diseña su campaña en base a las promesas de respaldo recibidas. Alegre, piensa que las diferencias internas quedaron atrás.

Pero las heridas no cicatrizan tan fácil y el dirigente de Partido tiene en mente otra cosa. Saliendo de la reunión con su candidato incómodo, le da órdenes a su área de administración para frenar todos los recursos y no darle ningún respaldo.

En raras ocasiones, llega a suceder que el candidato incómodo es tan bueno que logra romper el boicot administrativo interno y aún así gana la elección constitucional. Ahí comienza otra estrategia. El dirigente del partido 1 le da pruebas al dirigente del partido 2 para que se lo “friegue” en los tribunales.

Dichas pruebas casi siempre son irregularidades previamente plantadas. ¿Cómo se planta una irregularidad? Sencillo: el dirigente de partido ordena a sus personas de confianza cometer fallas en ciertas casillas. Por ejemplo, poner un representante de casilla que no cumpla con los requisitos de ley. Eso provoca la anulación de los resultados en esa casilla y cambia el resultado global de la elección. Dichas irregularidades son infiltradas al otro Partido y la elección se pierde en los tribunales.

Para evitar esto, un candidato debe tener un control absoluto de sus representantes de casilla. No debe confiar en sus dirigentes de partido. Es más, en sus dirigentes de partido es en quienes menos debe confiar.

Un candidato se puede percatar de que su propia dirigencia lo va a boicotear cuando desde el inicio de la campaña no se le pone a sus órdenes un grupo de abogados electorales listos para defender el triunfo, ni le da un curso de capacitación sobre el tema.

Otras técnicas usadas para destruir a sus propios compañeros: bloquear una coalición, imprimir mal la publicidad, desorganizar los gastos de campaña, no registrar los representantes de partido para entregar casillas estratégicas, sembrar espías, inventar y plantar precandidatos para obligar a la negociación de una planilla,etc.

Y aún cuando el lector no lo crea, estoy narrando solo “las técnicas sucias civilizadas”. Porque la porquería hacia el interior de los partidos llega a mayores extremos.  Por hoy baste de fuego amigo, mañana hablaremos de los “cuartos de guerra”.

Ver también:

ADEMÁS DE LOS SPOTS, ¿CUÁNTAS TÉCNICAS DE GUERRA ELECTORAL EXISTEN?

 

 

 

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