Olvera o Vargas para Candidatos del PAN a gobernador: ¿Quieren? ¿Pueden? ¿Los dejan?

 

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El PRI llenó de demandas jurídicas a Edgar Olvera y Enrique Vargas: el objetivo es doblarles las rodillas para obligarlos a negociar en las catacumbas del palacio de gobierno. Detrás de esa intención: distraerlos por completo de sus aspiraciones a ser candidatos al gobierno del Estado de México.

En el Estado de México existen seis regiones con sólida presencia panista. De esas regiones, tres están en condiciones de producir una organización capaz de pelear la gubernatura. Las cabezas políticas están marcadas: Enrique Vargas en Huixquilucan, Edgar Olvera en Naucalpan  y Ana Balderas en Atizapán.

Si Enrique, Edgar y Ana tienen deseos de aspirar a la gubernatura lo sabremos por los invitados a su toma de protesta como alcaldes. La toma de protesta no es un acto protocolario sino el anuncio de lo que sigue. Si entre los invitados solo están los familiares, el nuevo alcalde nos está avisando que al término de su mandato se va a ir a su casa. Pero si además de los familiares, están excaldes del municipio, exgobernadores panistas de otros estados y exsecretarios de gabinete nacional, entonces nos avisan que comenzaron a formar el cuerpo de asesoría para lo necesario. Pero no deben tardarse más. Digo, si en la toma de protesta su máxima preocupación es qué representante les envía el gobernador ya se fregó la cosa. Se definen hoy o le dejan el paso a quien si quiera.

Edgar Olvera y Enrique Vargas
Edgar Olvera y Enrique Vargas

Los tres alcaldes electos, por el momento, son políticos regionales, pero eso se cura.  Máxime que esos municipios, en cierto sentido, parecen gubernaturas de otros estados de la República. Desde el punto de vista de personas gobernadas, ser alcalde de Atizapán, Huixquilucan y Naucalpan se equipara a gobernar una entidad federativa como Baja California Sur, Colima o Campeche.

NAUCALPAN Y OLVERA

Los fundadores del panismo mexiquense en Naucalpan dieron viabilidad regional a sus objetivos, pero nunca se proyectaron a nivel estatal. Conquistaron Naucalpan y luego se dedicaron a pelear, entre sí, por el liderazgo de ese municipio.

Ahora aparece un político como Edgar Olvera quien tiene la misma formación regionalista de sus antecesores. En este momento su presencia ha crecido, no por proyecto propio sino como consecuencia de la necedad de los priistas en arrebatarle el triunfo. Esto ha provocado acrecentar la presencia de Olvera fuera del municipio. Ya no es nada más quien recuperó “la Joya de la Corona”. Ahora hace pasar berrinches a los priistas y, por ello, debe enfrentar demandas sin precedente en la historia de los juicios electorales. Los priistas planean presentar diez mil juicios para tratar de tumbar la elección de Naucalpan. Para sostener esta estructura jurídica deben estar gastando un dineral. No sé quién se enoje más por esto: los panistas o los magistrados  a quienes se les cargó el trabajo.

Estos juicios en lugar de achicar, dan publicidad a Olvera, pues cuando ganó la elección lo hizo en medio de mucho ruido electoral en el país y su victoria no lució. Conforme las aguas electorales se calmen, los juicios hacen más visible el caso Naucalpan.

Con tantas demandas los priistas pretenden dos cosas:

1.- Qué tal si es chicle y pega. Es decir, consiguen que los magistrados les den la razón.

2.- Obligar a Olvera “a bajarle” y sentarlo en una mesa de diálogo para conciliar con la fuerza priista. Le están haciendo manita de puerco y vendiéndole la estabilidad. De paso, lo distraen de pensar en la gubernatura. Deberá tener reservas con los  “arrimadores profesionales”, es decir, panistas que viven de crear mesas de diálogo con el gobierno. Muchos de esos arrimadores vuelan alrededor de Olvera.

Si alguno de los 3 panistas mencionados va a pelear por la gubernatura, deberían dividir su grupo en tres frentes: uno dedicado a preparar la administración municipal, otro a cargo de la batalla jurídica y un tercero responsable de la agenda estatal.  Hacer esto no requiere ciencia, pero sí decisión.

HUIXQUILUCAN Y ENRIQUE VARGAS

El caso Huixquilucan tiene características parecidas a Naucalpan pero con su propio atractivo. Los defectos de Enrique Vargas se vuelven virtud a la luz de una elección de gobernador. Me explico:

En comparación con Naucalpan, en Huixquilucan existe menos tradición del panismo. Mientras Edgar Olvera viene de una familia de panistas (conocí a su padre como uno de los mejores diputados locales que el PAN ha tenido), Enrique Vargas creció en una familia donde su padre estuvo a punto o fue candidato del PRD. El panismo de Huixquilucan no es puritano y fácilmente se combina con otros colores.

Durante los días difíciles de la elección municipal, pudimos percibir como militantes de partidos diferentes al PAN respaldaban a Enrique Vargas. Esto es defecto para los puritanos pero virtud para un candidato del PAN a la gubernatura. Quien enfrente al Grupo Atlacomulco debe tener claro lo siguiente: el voto panista, por sí solo, no alcanza. Requiere de otros partidos y de los abstencionistas. En esto, Vargas tiene ventaja.

También tiene a su favor venir de vencer a una clase política poderosa. No solo derrotó a un candidato municipal priista, sino frenó de tajo la presencia del Grupo Atlacomulco en Huixquilucan. Su triunfo puede verse como adelanto de la pelea entre él y Del Mazo pero en el terreno de la gubernatura.

Sobre Vargas dicen: es pleitista, necio, terco y en ocasiones grosero. Como sea, logró formar un equipo que lo siguió a las urnas, a las manifestaciones y a los golpes. No se ve otro modo de pelear la gubernatura del Estado de México.

No sé si tenga un proyecto de Estado que supere el carácter regionalista que nos presenta su formación política. Tampoco si la chequera de Huixquilucan lo dome y lo convierta en títere. Pero bueno, para muchos se ve prometedor.

A Vargas, como a Olvera, les favorece el salir airosos de las batallas. Los hace aparecer ante la opinión pública como reales opositores al Grupo Atlacomulco. A partir de esa característica guerrera podrían quitarle al PAN la imagen de “oposición de bajo perfil” ganada por las pésimas decisiones de los dirigentes. El electorado está harto de los politiquillos de oposición entreguistas.

De Ana Balderas hablaremos en la siguiente entrega. Escribe Edmundo Cancino

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