Entre la ceguera y el arte

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Por Heber Quijano

Ya saben, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Así que demos un vistazo a la ceguera en el arte. Un día, así, de buenas a primeras, en una ciudad cuyo nombre no tiene importancia inicia una epidemia de ceguera. Así, poco a poco, una mujer indemne al contagio descubre al lobo que hace hombre al hombre. Esta historia, Ensayo sobre la ceguera, es quizá una de las más exitosas del noble portugués José Saramago, y fue llevada a la pantalla grande por Fernando Meirelles, con Gael García Bernal, Danny Glover y Julianne Moore.
El inglés H.G. Wells escribió también un relato, “El país de los ciegos”, en el que un explorador llega a un extraño lugar en los Andes, en el que todos son ciegos. Sin embargo, en un mundo para ciegos su vista le sirve para absolutamente nada, poco a poco la sociedad lo va orillado a sacarse los ojos para encajar en ella. De nuevo, ya saben, al lugar al que fueres has lo que vieres. Cómo no recordar la angustia y desesperación del Edipo incestuoso arrancándose los ojos para castigarse por haber llevado la desgracia a su pueblo, por haber matado a su padre y tener con su madre una relación poco apropiada. O el un poco esquizofrénico y demandante capítulo “Informe de ciegos” en Sobre héroes y tumbas, quizá la cumbre narrativa de Ernesto Sábato.
El escritor argentino Jorge Luis Borges se fue quedando ciego con el paso de los años, y alguna de sus muchas conferencias habló de la ceguera con el estilo deslumbrantemente lúcido y lleno de información que lo caracteriza. José Mármol, el autor de la romántica novela Amalia, también se quedó ciego. El inglés John Milton escribió sobre su ceguera y su piadosa vida espiritual: “Millares se lanzan, si Dios lo ordena/ y avanzan sin reposo por la tierra y los mares: pero también le sirve quien, inmóvil, espera”.
El mundo de la música tiene a sus representantes, muy famosos por cierto, como Ray Charles, Stevie Wonder, José Feliciano o Henry Butler, quien también hace fotografía. Casi todos cayeron en los clichés del chiste burdo y simplón del cualquier showman en turno. En la pintura sobresale el caso del turco Esref Armagan, quien a diferencia de casi todos los anteriores, nació ciego. En la fotografía tenemos los casos del estadunidenses Ralph Baker y del maravilloso esloveno Evgen Bavcar. Cabe señalar también que ahora hay ciertas tendencias terapéuticas para quienes han perdido la vista, que consisten en pintar o en fotografiar, y cuyo éxito en Argentina y El Salvador hace pensar en la prioridad de la mirada en este mundo bombardeado de pantallas y ventanas cibernéticas. En este mundo en el que “una imagen dice más que mil palabras”, la ceguera excluye, margina y aparta, ¿cuándo abriremos los ojos?

@heberquijano

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