Historias de cubículo y oficina

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Por Heber Quijano

Hoy que se ha puesto de moda la mofa y el sarcasmo a los trabajadores de oficina, sí, a aquellos que se hacinan en cubículos y se congregan en torno al apelativo bastante despectivo de “Godínez”, aquellos que pregonan la moda oficinesca del departamento de ropa de tienda de autoservicio y que terminan comiendo frío en sus tuppers… México es uno de los países donde más se trabaja y menos se gana. Es inevitable que en nuestro país nazcan historias, amores y se revele ese mugroso rostro real, que escondemos tras las buenas maneras.
Con toda la jiribilla incluida, Recursos humanos de Antonio Ortuño  es una de esas historias. Enredos amorosos, borracheras, envidia y la invisible tenebra de un personaje perverso y rencoroso son sólo la punta del iceberg de la novela del jaliciense, ubicada en unas oficinas que, simbólicamente, se convierten en un purgatorio, punto intermedio entre el paraíso celeste de los “gerentes” y el infierno de los almacenistas/obreros. Más allá de la descripción de ecosistema Godínez, con Ortuño disfrutamos de un tema que está muy devaluado —aunque explicaría mucho de nuestras sociedades—: el odio.
En otra esfera mucho más probable, pero también más desesperanzador, se encuentra Las bestias negras del poblano Jaime Mesa. En esta novela encontramos a un funcionario de cultura que bien podría ser un ejemplo de mezquindad, maquiavelismo siniestro y una atormentada personalidad posesiva, neurótica, déspota y petulante. Aquí uno puede pensar en muchos de nuestros oficinistas de mando medio hacia arriba. Estoy seguro querido lector que conoce a más de uno. Alrededor de este funcionario se retrata la farándula de la cultura en el ámbito institucional y también a los periodistas que se alimentan de los “RadioPasillo”, “Trascendió”, “Se dice qué” y apuntan hacia el chayote. En Las bestias negras no se sabe cuál es más nociva de entre dichas faunas.
En ambos casos, las historias que nacen en la oficina son mucho menos inocentes e inofensivas de lo que parece, además de convertirse en un espejo menos distorsionador de lo que es en realidad el universo Godínez.

@heberquijano

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