La recurrente y cotidiana crisis del PRD: Liderazgo carismático vs tribus

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De nueva cuenta el PRD está pagando por su indefinición ideológica y estratégica. Para comprender la confrontación entre Basave y las corrientes nuestros lectores deben entender la forma como se ópera dentro de ese partido y la manera como las corrientes establecen el control. Voy a tratar de sintetizar en tres pasos esa forma de operar muy a lo PRD:

1.- Las tribus o corrientes se disputan el control de los consejos y comités directivos  estatales y nacionales para desde ahí  nombrar representantes ante los órganos electorales; designar a quién controla el dinero; aprobar las coaliciones,  aprobar las candidaturas plurinominales y aprobar las candidaturas de elección directa.

De vez en cuando lanzan un candidato ciudadano que casi siempre es traicionado y entregado en los tribunales electorales. Para poder hacer esa entrega las corrientes controlan el juicio electoral y lo hacen a modo de evitar el crecimiento del candidato ciudadano que les puede representar a la larga un riesgo de control interno. Total ya dejó los votos, el dinero y su imagen pública, desde ahí para adelante nada más estorba. Los candidatos ciudadanos en el PRD y en varios otros partidos son de úsese y tírese.

2.- Por su naturaleza de organización ninguna corriente tiene capacidad de producir líderes carismáticos que sean el rostro del partido ante la opinión pública y ganen elecciones. La mayor parte de sus liderazgos están identificados con corrupción y carecen de peso electoral para ganar en las urnas. Por ello los liderazgos de las corrientes se disputan a capa y espada las candidaturas plurinominales pues es el único modo que tienen de llegar al poder.

Dado lo anterior cada trienio o sexenio las corrientes deben acordar a qué líder carismático contratan para fungir como presidente del partido o como candidato pues requieren refrescar su imagen y obtener votos.

En el caso de los Estados, los comités estatales aplican esta regla tan sólo para las candidaturas pues los presidentes estatales siempre son del equipo de la corriente o tribu que domina. En el caso nacional, las corrientes sólo contratan al presidente del Comité directivo nacional y controlan todos los órganos electorales de decisión para que dicho presidente no se salga del carril.

Esta forma de actuar solamente se cambió cuando “los Chuchos” tomaron la decisión de no contratar un presidente externo sino ellos mismos ponerlo. Los presidentes Chuchos fueron tres: Jesús Ortega, Jesús Zambrano y  Carlos Navarrete.

Este cambio de estrategia produjo una de las peores crisis del partido que terminó con la caída anticipada de Carlos Navarrete así como su peor etapa de reducción de votos. Por lo anterior el PRD volvió a su antigua estrategia y volvió a contratar un presidente, en este caso Agustín Basave.

3.- Ahora se presenta una crisis entre el presidente contratado y las tribus. Basave quiere tomar las decisiones de de nombrar candidatos y definir con qué partido va en coalición. Las tribus dicen que esas facultades son de ellos y no las van a negociar. En los hechos el presidente está sólo frente a todas las tribus que controlan la totalidad de miembros del comité directivo nacional.

Cada adversario muestra sus armas:

Las corrientes no están dispuestas a ceder su poder regional de poner candidatos y hacer acuerdos locales con el PRI de cada Estado de la República. Para ello no les importa el desgaste del partido nacional y poco o nada les preocupa Agustín Basave a quien prácticamente están obligando a renunciar. Las corrientes se pronuncian por volver al esquema de poner un presidente originario de una tribu pero “los chuchos” saben por experiencia que eso los podría llevar al despeñadero.

Basave, por su lado, amenaza con renunciar generando una nueva crisis de credibilidad y poniendo en ridículo la estrategia pública de las corrientes que tratan de convencer a los electores que ya no son lo mismo de antes.

Desde afuera, el PRI atiza la crisis convenciendo a las corrientes de cada estado de la República para  romper el acuerdo nacional. Al PRI le preocupa que el PAN y el PRD en varios estados de la República se conviertan en un serio opositor.

Esta crisis del PRD no es más que la reiteración de su deformación principal que se expresa en la disputa entre líderes carismáticos y corrientes controladoras. La crisis Basave-tribus ya está a la vista, en las próximas semanas veremos cuánto se profundiza.  Columna: Edmundo Cancino

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