La disputa interna de las autoridades electorales. ¿Fracasó la fiscalización?

 

 

2016 05 15 Lorenzo Córdova 03

El tema de las leyes y la autoridad electoral del próximo proceso de elección de gobernador del Estado de México no es un asunto menor.  Desde esta perspectiva, cualquier abogado electoral que hubiese dejado de ejercer sus funciones hace años y regrese al ring de las campañas encontrará dos realidades: por un lado la política y los políticos más o menos siguen igual, pero por el otro se enfrentará a severos cambios en mundo legal, técnico y administrativo. El conocimiento o desconocimientos de esos cambios puede ser la causa de que un candidato pierda o gané las elecciones.

El primer cambio notorio está en la autoridad electoral. Ahora tenemos un organismo electoral centralista. Desde el Distrito Federal se dictan todas las órdenes a organismos estatales llamados OPLEs que, debemos decirlo, son resistentes a desaparecer y a obedecer al INE. De hecho, existe una batalla fuertísima entre la subsistencia de los OPLEs y el triunfo definitivo del centralismo del INE.

Podemos decir que el INE viene ganando las mayores batallas, pero los OPLEs se han resistido a desaparecer al grado de que ahí están, no se han ido, siguen operando. De haberse cumplido la programación original a estas alturas todos los OPLEs del país debieron haber desaparecido. No ha sucedido así y en este momento los organismos electorales locales están acotados, pero a final de cuentas en el primer frente de todos los Estados de la República donde tenemos elección.

Sin embargo, el peso de la autoridad central se sigue haciendo ver: En Colima el INE substituyó completamente al OPLE en la organización de la elección extraordinaria de gobernador. Debemos decir que lo hizo de la forma más desaseada que un jurista pudiera cometer pues los consejeros del INE organizaron la elección de Colima violando severamente la Constitución de esa entidad federativa. Quien revise la forma como se organizó la elección extraordinaria de Colima descubrirá la inconstitucionalidad del proceso, la ilegalidad de la forma como el gobernador interino asumió funciones, y la irresponsabilidad del INE  para alentar y promover todo esto. En Colima el centralismo se hizo valer más por fuerza política que por respeto al estado de derecho.

Pero el centralismo sigue adelante. Recientemente los magistrados federales destituyeron a consejeros electoral de Chiapas, y hace pocos días el Consejo General del INE llamó urgentemente a una sesión extraordinaria para atraer la organización de las elecciones de gobernador en Durango basado en la posible destitución de las autoridades electorales de esa entidad.

Por su lado, los OPLEs estatales se encuentran a la espera de que el centralismo del INE se desquebraje y muestre su inoperancia. Existen varios síntomas de debilidad del INE. Para mí el más destacado es su pésima forma de llevar adelante los procesos de fiscalización de los candidatos y los partidos. Nunca había visto una autoridad electoral tan lenta, contradictoria, ineficiente y hasta débil para llevar a buen puerto el proceso de fiscalización.

En efecto, en las pasadas elecciones del 2015 el INE generó las condiciones para establecer sanciones que hubiesen implicado la destitución de decenas de diputados federales y alcaldes que hoy están en funciones. Como se dice de manera coloquial, los consejeros del INE “se arrugaron” para llevar adelante las consecuencias legales sus procesos de fiscalización. Si existe una palabra que califique el proceso de fiscalización del INE en 2015 es: fracaso.

Y 2016 no parece que será diferente. Todas las sentencias importantes del INE en materia de fiscalización se han caído en los tribunales electorales. Van dos sesiones del Consejo Nacional del INE en donde vemos a los consejeros electorales rogarles a los partidos políticos que por favor entreguen sus gastos de precampaña y campaña. Más del 70 por ciento de los candidatos no lo han hecho. El INE dejó de manejar el discurso de: “te retiro la candidatura”.  Las amenazas que lanzaba en 2015 fueron cambiadas en 2016 por “no sean malos muchachos, ya entreguen sus informes”.

Estos son los errores que los OPLEs estatales están esperando que crezcan para retomar el poder. Existe una tendencia en este momento a que el proceso de fiscalización dejé de ser manejado por el INE y sea regresado íntegramente a los OPLEs. Esto les daría vida pues sería su segundo triunfo (el primero es seguir vivos) ante el centralismo.

A pesar de todo, frente a los OPLEs el INE sigue siendo más poderoso que débil. Con todo y fallas sigue concentrando el proceso de fiscalización; la forma como se integran las secciones electorales de los distritos locales de las entidades federativas; la designación de los funcionarios de casilla y de los consejeros electorales municipales y distritales; la capacitación de los funcionarios; las reglas de los debates; las reglas del monitoreo; la elaboración de las boletas; la forma como se cuentan las boletas; y otros aspectos no menos importantes.

Ahora bien, el poder de los OPLEs se deriva de un hecho administrativo: el dinero de las elecciones en los estados de la República no proviene del gobierno federal sino de los gobiernos estatales. El INE no tiene un presupuesto propio que le permita controlar al cien por ciento la organización de las elecciones locales. Por ello el INE manda a los OPLES a pelearse con los congresos y gobernadores de cada estado de la República. “tú pide los recursos y yo me los gasto”.

Si hacemos caso a la frase de “el que paga manda”, el tema no es menor. El INE ha logrado controlar el proceso legal y técnico de las elecciones, pero está muy lejos de tener control del proceso administrativo. En Veracruz el gobierno estatal los tiene en jaque reteniendo los gastos. En varios estados de forma astuta los congresos locales aprobaron presupuestos limitados para las elecciones. Por ello cuando el INE llega y le pide dinero a un gobernador para organizar la elección, éste le contesta con que sólo cuenta con el presupuesto autorizado por el Congreso, lo demás sería desviación.

Advierto que en el caso de que el centralismo de la autoridad electoral termine por consolidarse, de todas formas, tarde o temprano deberá “delegar” responsabilidades a los organismos estatales, municipales y distritales en cada Estado. Así es que la desconcentración se dará por “delegación” o por “autonomía”, pero se va a dar o el sistema legal se va a quebrar.

En fin, en medio de las fallas del INE y de la inoperancia por derecho del IEEM transcurrirá la próxima elección de gobernador y, casi seguro, la de candidatos a diputados locales y presidentes municipales del Estado de México. Estaré atento a informarles a ustedes qué nuevos criterios de ley, jurisprudencias y crisis del derecho electoral se presentan en los procesos electorales que ahora se están desarrollando en más de 10 estados del país. Todo eso afectará las próximas elecciones en territorio mexiquense. Columna: Cuentos y cuentas. Autor: Edmundo Cancino

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