Por qué Bob Dylan merece el Nobel de Literatura

Como cada año, el mundo editorial se cimbra ante el otorgamiento del Premio Nobel de Literatura. Las apuestas se convierten en un juego de los “letrados”, los “literatos” y todos los que se asoman, por curiosidad u ocio al tema. No es sencillo, por decirlo menos, en un país que ronda los cinco libros leídos al año, dar una opinión. Y me refiero a una opinión con sentido, información y sensibilidad artística (pues la literatura es un arte); de las otras, lo sabemos, los mexicanos abrimos, muy fácilmente y a la ligera, la boca, para bien y para mal.

El hecho de que el ganador del Nobel de Literatura 2016 sea Bob Dylan tiene muchas aristas. Sus letras, como las de muchos compositores, son poesía. Sí, porque la poesía se canta y, a veces, también se baila, al ritmo de las palabras o al ritmo del corazón (y me refiero al verdadero origen del ritmo y de la música, sin metáfora y con ella: el latido del corazón, nuestro primer segundero). Porque la poesía y la literatura nacieron de la oralidad y del ese ritmo que, junto con la rima serviría de mnemotecnia para que se aprendiera más fácilmente y pudiera reproducirse de boca en boca (por aedos, por rapsodas, por trovadores), incluso después de que se inventará ese maravilloso objeto: el libro.

Otra arista incide con el mundo editorial que, ya para hoy, seguro ha publicado alguna nueva
edición de Tarántula o su autobiografía o una compilación de sus canciones como si no fueran indisociables de la armónica y las guitarras. Sin embargo, eso no quita la fuerza de las letras de Bob Dylan en torno a la esperanza de la generación de los hippie, en torno a la desigualdad y el racismo en Norteamerica, o en consideraciones transcendentales metafísicas respecto a la vida y la muerte con la simplicidad de un artista consciente de la poder evocativo de las palabras en situaciones comunes, bueno hasta con un poco de dramatismo colindante con el pesimismo y exasperación.
No soy un experto en la obra de Bob Dylan; hablo de una carrera de más de 50 años. Recuerdo mi infancia tarareando el único disco que había en casa y repitiendo el que después supe era uno de sus himnos. Su disco Highway 61 Revisited es una road novel que bien podría ser una fusión de Las uvas de la ira (del también Nobel John Steinbeck) con En el camino de Jack Kerouac, salpicado de alma negra de los puntos inicial y final de dicha carretera.

Bob Dylan es un icono de la cultura norteamericana, su música es un símbolo de la época del amor y paz, pero sobre todo es el caso más evidente de que la poesía está cerca de nosotros.

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