Sembré un instante para hacer crecer mundos

-Te amo.
Silencio. Aire. Sol. El polvo seco de la carretera llorándome en los ojos. En el lugar más muerto de este mundo, con las cosas más aburridas: una sopa prefabricada y un hotdog.
-Te amo.
Fue el único que me dio en estos años y el único que necesito. La pureza singular y deforme de una piedra veneranda. Frágil gota, desde ese día, creció hasta hacerse un lago inmensurable. Poco a poco.
Es así como es el amor verdadero… y hay silencio. Búsqueda de mi vida, momento añorado. El más romántico y el más cursi. El más rosa, el más violento. No la repetición sucesiva, la marcha de los días. Sino el golpe y, más aún, el suave toque. Te amaré para siempre fue un instante. Sin promesas, sin intención: un accidente de puro amor. Nació de entre tus nubes porque tenía que nacer.
Un te amo quieto sobre el que escribir eternamente, una y otra y otra vez sin jamás dejar la pluma.
-Te amo.
Al repetirlo es el de ese día y es otro. Con la mirada hacia el suelo y hacia mis ojos, hacia el viento y hacia mi corazón. Ella no lo supo. Yo no lo supe. Su voz dulce, cansada, dudosa, asustada… ¿Cómo pudo ella no aterrarse ante la inmensidad? Los hombres no estamos hechos para tomar tanto, todo, impetuoso, brutal. Criaturas de hábitos y no de instantes, temerosos de la explosión. Pero yo me lo comí, es mío, lo tengo en las entrañas atrapado. Me robé la luz de ese segundo y está viva. Fugaz y viva.
Sembré un instante para hacer crecer mundos.
Arar mi alma me tomó diez años. La aré con dudas oxidadas, con tierra ardiente de resoluciones, de amor, de odio, de sexo, de celos, de gritos, de llanto, de sonrisas, de vida, de dolor, de ti y de mí. La aro aún hoy cuando te veo en el recuerdo o en el Mundo que vives sin mí.

Me deleito al verle nacer. Hoy. Esto. ¿Cómo podrías saber que me has hecho tan feliz? Más que eso, tan fértil.

Te amo y no importa si no estás. Si no te vuelvo a ver. Si nunca más toco tu cuerpo. Siento calma y arranco flores. ¿Cómo podría saber que esto existe? Tanta pureza. Tanta alegría. La vida me llena, me inflama, me llama. Tú vives en mí… no, el instante de ti vive en mí.

Sembré un instante para hacer crecer mundos.
Todo lo que venga será nuestro y mío. Hay tanto que hacer, tanto. El Mundo lo sabrá o lo haré saberlo.

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