Para leer a Samantha Schweblin

Dentro de las etiquetas publicitarias de las librerías y las editoriales, aquella de la “nueva generación” de escritores tiene siempre el beneficio de la duda. Claro, me refiero a quienes nos arriesgamos a salir del canón, de los bestsellers y de la lista de los más vendidos. En el caso del colectivo de escritores latinoamericanos que reciben tal denominación, encontramos a Samantha Schweblin.

La escritora porteña recibió Premio Casa de las Américas por Pájaros en la boca. También el Premio Internacional de cuento Juan Rulfo, otorgado por Radio Francia en 2012. Se le suma el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero 2015 con Siete casas vacías.

A pesar de las críticas que la han convertido ya en una de las más exitosas escritoras de su generación, hay algo en sus libros que no termina de cuajar. Es cierto que hay cuentos, como el mismo “Pájaros en la boca”, “Mariposas” o “La respiración cavernaria” imperdibles y trascendentales, a la altura de Chejov, Borges, Cortázar, Felisberto Hernández o Juan José Arreola. También es cierto que no todos sus cuentos se asoman a esa maestría, que sólo esbozan anécdotas perturbadores, que nos dejan con la sensación de que algo más “debería” suceder dentro de la ficción a la que le invertimos nuestro valioso tiempo.

Es cierto que Schewblin crea atmósfera siniestras, tétricas o fantásticas, que ha logrado conseguir estilizar su prosa y asombrar con su estilo, cada vez más definido. Su prosa tiene todavía los mejores libros por ofrecer. Y eso es esperanzador.

Junto con Schweblin se vislumbra ya una nueva camada de escritoras que se insertarán, pronto, en el Olimpo de Inés Arredondo, Maria Luisa Bombal, Armonía Sommers, por citar sólo unos nombres sintómaticos. Me refiero a Guadalupe Nettel, Andrea Jeftanovic, Alejandra Costamagna, Mariana Enríquez. Este siglo pinta muy bien para las letras latinoamericanas.

 

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