Para disfrutar mejor la música: Escucha esto de Alex Ross

No conozco a nadie que no le guste la música. Para cantar, para bailar, para dejarse ir en esa parsimonia espiritual o comprometerse con la identidad que proyectan. No me malentiendan, todo mundo disfruta de la música, de sus armonías, de su ritmo, y también de las letras que tienen incluida en su mayoría. Y no me refiero a que les guste todos los géneros musicales. Digo, siempre hay que ser selectivos, de otra manera pensaría en una tabula rasa de criterio. En mi caso, disfruto de ciertos géneros en específico y de ciertas bandas y artistas con devoción fanática (Los Beatles, Mozart, Beethoven, Silvio Rodríguez, Real de Catorce, por citar los más inmediatos) Hay ciertos tipos de música que no me gustan, en general: el metal, el industrial, la música de banda (esta última por sus fans estridentes e irrespetuoso del sentido común). Por ser algo tan cercanos a todos el abanico de opiniones aligera la seriedad de las mismas.

Es cierto que para disfrutar de la música nadie necesita instrucción. También es cierto que a nadie le sobra. Alex Ross tiene más de veinte años como crítico musical de la mítica New Yorker, con varios premios en su curriculum, con el avala académico de la universidad de Princeton que lo invitó a ser docente en dicha escuela, y ya con un Doctorado Honoris Causa. Su libro Escucha esto es una compilación de los artículos publicados en la revista neoyorkina y tiene un amplio abanico de perfiles. Desde la música clásica canónica hasta los guiños con la música “popular” anglosajona. Desde el imaginario colectivo de la música “triste”, pasando por Mozart, Schubert, la profundidad conceptual de John Cage hasta llegar a Sinatra, Bob Dylan, Radiohead y Björk.

Ross es músico de escuela, periodista de suela gastada y un intelectual con la pluma. No sólo sumó su conocimiento y sensibilidad con la marca personal de los temas que trata, también reflexiona con la profundidad preclara de alguien que vive de y para la música, sin dejarse llevar por el snobismo, la petulancia de la pose o el repudio fascista y autoritaria de los críticos lapidarios que denigran a quienes no comparten sus gustos.

Es difícil hacer un juicio de un libro de más de 500 páginas. Sin embargo, con Escucha esto podemos afilar nuestro juicio y equilibrar nuestra balanza para diferenciar lo sofisticado de lo simple, para asomarse a la complejidad de los músicos “pop” mencionados y a bajar a la música “clásica” (culta o docta o cómo quiera etiquetarla) de su pedestal de cristal. Para ser un buen melómano, sin más. Y también para reírse o sorprenderse de anécdotas que hacen más humanos a los artistas.

 

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