Cuatro libros para asomarse al amor de hoy

“Después de todo, la definición romántica del amor -hasta que la muerte nos separe- está decididamente pasada de moda”. Así de categórica y contundente es la realidad. Y esa es una de las tantas aseveraciones que el recientemente fallecido Zygmunt Bauman hace en Amor líquido. El sociólogo hace un gran ejercicio intelectual para estampar una panorámica de cómo se ejerce el amor en nuestro tiempo “posmoderno”, globalizado, estresado, plagado de vacíos y ajetreos. Aunque el contexto es mucho más evidente en los países de primer mundo, occidentales para ser más precisos, en América Latina son cada vez más evidentes las falencias de ese concepto místico, trascendental, escatológico, mitificado: el amor. Si uno se asoma a este libro después de haberse sumergido a La llama doble de Octavio Paz o en la época del crecimiento emocional sobre la vida (me refiero a esa edad entre la pubertad y la madurez, digamos entre los 14-24), entonces sabríamos entender mejor nuestras propias expectativas. Incluyendo esa cuerda floja frente al espejo: “Lo que amamos es el estado, o la esperanza, de ser amados”

Del lado de la ficción, Cicatriz de Sara Mesa narra la historia de un amor nacido y provocado en una sala de chat. Pero no es una relación sencilla (si es que alguna lo es), la protagonista, Sonia, sabe de la perversidad del otro, Knut, la percibe pero no la niega ni se aleja. Se deleita con ella aunque no lo acepte, se regocija en esa perturbadora conciencia de disfrutar la humillación, la violencia (simbólica, verbal, psicológica, sobre todo) y la abyección, de manera activa y pasiva. En la prosa limpia, geométrica, concentrada y paciente de Sara Mesa nos descubrimos en la oscuridad de los personajes.

En la poesía, como un ejercicio de devoción y sinceridad, el erotólogo mexicano por excelencia, Alberto Ruy Sánchez, nos entrega en Luz del colibrí un poemario sobre las emociones y el placer que le provoca despertar junto a su pareja. A ello hay que sumarle el hecho de que está dedicado a su esposa, con quien tiene una relación de más de veinte años de matrimonio. El amor, sus manifestaciones, sus declaraciones y el halo que le acompaña siempre convoca a los superlativo, a lo hiperbólico. En el caso del poemario hay, por el contrario, una equilibrada manifestación de algo que es casi una excepción: la confirmación de que la capacidad de asombro puede mantenerse viva, a pesar del tiempo y de la costumbre.

Y ya como un bono extra, está la experimentación estilística de Alejandro Zambra. El escritor chileno cinceló una joya en Bonsái. En menos de 120 páginas, Zambra una historia de amor simple, normal y casi común. Pero lo hace con una maestría que no sólo logra engancharnos sino, además, convertirla en una entrañable sacudida al lector. Como hacen los buenos libros… como hacen las buenas historias.

También los invito a mi blog.

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