Variaciones sobre el cuerpo : los límites del hombre

Nos parece lejano pensar en el predominio del cuerpo sobre la mente. Estamos acostumbrados, buenos católicos, a asumir la superioridad del alma, o del espíritu, conceptos inasibles y mucho más difíciles de delimitar, por etéreos, sublimes y “trascendentales”. Los límites del cuerpo son mucho más inmediatos, perceptibles y reactivos; y “no hay nada en el conocimiento que no haya estado primero en el todo el cuerpo” (p. 77). Con el cuerpo nos asimos al mundo.

Variaciones sobre el cuerpo.

En nuestra época es precisamente el cuerpo el blanco primordial del comercio, del consumo, de la producción, de la publicidad. Y es que sería difícil encontrar algo que no incida o se consuma mediante el cuerpo: comidas, bebidas, deporte, sexo, excesos o limitaciones (por ejemplo, drogas o dietas).”El cuerpo sigue siendo el soporte de la intuición, de la memoria, del saber, del trabajo y, sobre todo, de la invención” (p.51), dice Michel Serres en Variaciones sobre el cuerpo.

Variaciones sobre el cuerpo
Variaciones sobre el cuerpo

El filósofo francés, adepto al montañismo, se pone a pensar, con la parsimonia de los  ancianos sabios, en las implicaciones del ejercicio físico, partiendo sobre todo de esa tradición de los colegios y las universidades europeas (que reproducen y superan las universidades norteamericanas) en torno a los cultores del cuerpo: los entrenadores-educadores físicos. El viejo adagio platónico de “mente sana en cuerpo sano” es un punto de convergencia que nos demuestra esta nueva concentración del esfuerzo, cosmético y médico, de ponerse “fit”. En un país, como México, esa vanidad se suma a la preocupación institucional por la salud alimentaria, enfocada en disminuir la obesidad.

En Variaciones sobre el cuerpo los límites del mismo, sus confines, sus márgenes son mucho más extensos. Y sobre eso reflexiona Serres y apunta la línea de delimitación: “[…] el cuerpo piensa con sus órganos: las performances musculares, pasionales y amorosas nos apartan de la neutralidad y la especialización de la ciencia. Las virtudes de la imitación; las memorias del cuerpo, del mundo y de la vida; el orden y desorden del alma y del espíritu; la fragilidad de la abstracción: éstos son los problemas de la escritura del cuerpo” (p.137).

En esa “escritura del cuerpo” podemos también señalar los precipicios en los que se abisma el cuerpo, en los que se le pone a prueba y en los que se extiende sus fronteras. Me refiero al deporte, la enfermedad y la guerra. Dice Serres en Variaciones sobre el cuerpo: “El entrenamiento que lleva al corazón a aguantar la maratón o forma los músculos para soportar pesas demasiado cargadas negocia sus posiblidades hasta la vecindad de la muerte, lo mismo hacen el accidente y la enfermedad” (p. 55). Los límites del cuerpo sólo se rompen y se extienden, creo, con esos tres ámbitos: el deporte, la enfermedad y la guerra. En el deporte se manifiesta a través de los récords. La guerra funciona de la misma manera pero sin el apoyo de los “entrenamientos”, por eso Filípides murió cuando corrió ese maratón primigenio en la Grecia antigua. La enfermedad nos evidencia los frágiles linderos del funcionamiento del cuerpo. Sin embargo, en la coyuntura, en el vértice de estas tres últimas podríamos postular la sexualidad”.

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