Bitácora de mujeres extrañas, de Esther García

En este Día Internacional de la Mujer, no es difícil empatizar con las mujeres. Algo protervo tendríamos de no hacerlo. Lo complicado es entender, a cabalidad, en toda su dimensión, la discriminación, la violencia, la marginación, la opresión que sufren en muchos ámbitos (laboral, doméstico, sexual, legal,… ). Los vértices y aristas son tantos y tan sutiles que, a veces, nos abruman. Por su contundencia en la realidad, por la dureza y frialdad de los datos, por la categórica persistencia de su causas y efectos, por su evidencia insoslayable. Y aunque la realidad supera la ficción, el arte y la literatura siempre nos permiten asomarnos a esos atisbos de realidad que proponen los libros, la poesía en este caso de Esther M. García.

Bitácora de mujeres extrañas.

En Bitácora de mujeres extrañas encontramos un poemario frontal y sin concesiones, sin la militancia implícita del reproche sino el encuadre tremendista de un close up. Los temas que agobian este itinerario de retratos enfocan la explotación laboral (“Mujer maquila”), la desolación (“Ésta es la historia de una mujer cuya soledad / la mordía noche y día como un perro salvaje” p.22), la violencia doméstica, la opresión de los padres, el abandono parental (sobre todo el del padre) que linda la orfandad, la discriminación clasista.

Sin el efectismo típico de esa suerte de síndrome de “hacerse la víctima”, la poeta construye en los cuatro apartados una inmersión a la feminidad de las ciudades, con sus maquiladoras, con sus cinturones de miseria, con su agobiada clase media, con sus historias privadas y particulares de amor y desamor (filial, erótico, familiar). Sin sentimentalismos, sin brutalidad, sin charcos de sangre ni lágrimas manipuladas por un foco teledirigido, los poemas son relámpagos confesionales (yo no sé amar / Nadie me enseñó qué era el amor” p.53), descargas de realidad como descubrimientos abruptos y epifanías (“Ma mere, el perro rabioso que muerde y mastica mi alma con sus rabiosas palabras” p.83).

Con Bitácora de mujeres extrañas estamos ante la revelación de las intimidades siniestras e infames de ese santuario malogrado de la “familia”, de esa fallida utopía llamada “amor”, de ese babeante hocico de la fiera llamado “sociedad”. Salimos sacudidos de su lectura, porque entendemos, intuimos y confirmamos, que allá afuera, la realidad supera la ficción.

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