Las encuestas por Internet ¿sirven de algo?

Así como el polen llega en primavera, las encuestas en línea aparecen en época electoral. No importa si la hace un periódico, una página de redes sociales o un amigo del trabajo. Pero ¿qué tan útiles son? ¿cuál es su valor real?

Antes de todo: ¿A qué me refiero con encuesta por Internet? A cualquiera dirigida única y exclusivamente a quienes navegan por Internet, sin importar el dispositivo usado.

Strike uno: Entre el mundo real y el Internet.

El objetivo de una encuesta electoral debería ser saber qué intención de voto existe en el momento del sondeo.

Para lograr ese objetivo, se debe tener una muestra representativa de la población: personas de todas las edades (de votar), géneros, estratos sociales, etc. Mientras más grande la muestra y más fielmente represente a la población del Estado de México, mejor.

¿No les parece que esto es suficientemente importante? Exageremos para clarificar. Imaginen su deseo de conocer el porcentaje de la población del Estado de México aficionada del futbol. Si hacen la encuesta el día del partido afuera del estadio del Toluca quizás resulte el 100%. Si la hacen en una clase de ballet a lo mejor está cerca del 2%. Ningún resultado es real y, por tanto, ambos sondeos serían inútiles. Este es el caso de la intención de voto y el Internet.

Según el INEGI, el 57.4% de los mexicanos de seis o más años se declaró como usuario de Internet. Para efectos de una encuesta de tendencia del voto sólo nos interesan los mayores de 18 años.

El 16.9% de los usuarios entre 18 y 24 años sin Internet sería suficiente para desechar la encuesta. Pero el 82.4% de mayores de 55 es ya escandaloso.

Peor aún, según las estadísticas del padrón del INE las personas de 35 años o más representan el 60% de la lista nominal y los menores a 35 sólo el 40%. Es decir: la población que menos usa el Internet conforma la mayoría de la lista nominal.

¿El porcentaje de personas de 55 años o más en la lista nominal? 22% Y de ellos el 82.4% NO usa Internet. Terrible.

Strike dos: el sesgo dentro del Internet.

Lo anterior sería suficiente para dudar seriamente de cualquier encuesta hecha por Internet. Pero a mí me gusta echarle sal a la herida. Sigamos:

Las encuestas por Internet normalmente tienen un problema más: solo se aplican a los usuarios de un medio o red social determinado. Por ello, el resultado de una encuesta hecha en “X” periódico solo dará un resultado válido entre los lectores de ese medio. Claro, si el objetivo es saber cómo votarán los lectores de tal o cual diario: consúltenla, es la única información a la cual tendrán acceso.

¿Redes sociales? Caso más terrible. Facebook dice tener 61 millones de usuarios en México: o el 98% de quienes usan Internet. ¿El número parece muy alto? Es porque lo es. En su reporte anual 2015 Facebook acepta tener alrededor de un 7% de cuentas falsas, con un porcentaje mayor en los países en vías de desarrollo -como México. Peor aún, en el mismo reporte, Facebook acepta que el número de cuentas falsas podría ser mayor pues no cuenta con herramientas lo suficientemente precisas para detectarlas.

En resumen: hay muchos bots (programas de computadora simulando ser humanos) y muchos usuarios con cuentas dobles o más. Técnicamente, sería posible que un solo usuario amañado le “ganara” una encuesta a otros 5,000 usuarios reales de Facebook. Peor aún, los likes están en venta.

Strike tres: la identidad del usuario.

En Internet no hay forma de saber quién es quien, ni de donde viene. ¿La dirección IP dirán los más entendidos? Fácilmente ocultable. En efecto, aún si quien contesta la encuesta es un ser humano, no sé puede saber con precisión si se trata de un integrante del grupo poblacional que dice representar. Quizás esa chica de 19 años de Ecatepec sea un hombre de 42 de Monterrey. ¿Qué porcentaje de los encuestados puede caer en este fallo? Adivina adivinador, porque es lo único que puedes hacer.

Y con eso, finalmente, se ponchan las encuestas por Internet. Entonces, ya lo sabes, la próxima vez cuando veas una, procura leerla como lo que es: un spot político, una parte de la guerra electoral, una forma de influenciar tu voto, un artículo de propaganda, un modo de atraer lectores incautos o, por qué no, un error bienintencionado. Nada más.

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