Urge la segunda vuelta electoral, por el bien de la democracia

Por Edmundo Cancino.

El próximo gobernador del Estado de México llegará al poder con aproximadamente el voto del 15 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón*. Las encuestas prevén, como nunca, una pulverización del voto. Lo anterior significa que el 85 por ciento de los electores no votarán por el titular del Ejecutivo.  ¿Cómo impulsar la participación ciudadana para evitar gobiernos con poca representación ciudadana? La respuesta debe ser la ley de la segunda vuelta. Bajo una condición: la segunda vuelta está acompañada de un reingeniería administrativa, jurídica y tecnológica de la ley electoral para evitar gastar más e, incluso, gastar menos.
De manera simplista se podría pensar que una segunda vuelta implica un doble gasto. No es así. En otra ocasión trataré sobre los defectos técnicos, administrativos, jurídicos de las elecciones mexicanas. Ahora me quiero concentrar en la urgencia de establecer una Ley de la Segunda vuelta para corregir errores de nuestra democracia.

La segunda vuelta no es un instrumento al servicio de partidos, candidatos o autoridad electoral. Se trata de una herramienta para fortalecer la participación ciudadana. Es un recurso jurídico para obligar a los actores electorales a dejar a un lado su conformismo con la baja participación ciudadana en las urnas, y desaparecer esa especie de cinismo en crear gobiernos con baja representatividad.

La segunda vuelta no obedece a coyunturas y estrategias electorales  de los candidatos y partidos quienes cuando les conviene la apoyan y cuando no la rechazan. El objetivo es sencillo: aumentar la participación ciudadana y garantizar que el gobierno se construya respaldado por el mayor número de ciudadanos. En México, como anexo, es necesario aprovechar el viaje para reducir los excesivos costos electorales.
A pesar de lo evidente y necesario que resulta impulsar la segunda vuelta electoral para evitar gobiernos con escasa representatividad, llama la atención cómo la clase política del Estado de México y del país elude el tema.

Por el mal diseño de las leyes estatales y nacionales, la clase política adopta una actitud cómoda donde únicamente les interesan quienes votaron por ellos. Crear gobiernos con poca representatividad  fractura los principios democráticos. El gobernante, para seguir en el poder, se dedica a satisfacer las necesidades del 15 por ciento que votó por él. Al restante 85 por ciento lo trata como un núcleo social con la obligación de pagar impuestos pero carentes de derechos. La frase de “gobernaré para todos” en la práctica no funciona. Se está gobernando para quienes votan por alguien, y entre menos sean los votos es más fácil pagar la deuda.

Pero ¿a quién le corresponde estar a cargo de fomentar y defender la participación ciudadana? A bote pronto, podríamos decir la autoridad electoral. Pero a los consejeros les preocupa poco la participación ciudadana. Ya hasta tienen un aburrido guión para primero hablar de la fiesta de la democracia, y después justificar el triunfo del abstencionismo.

Pulverizar el voto se ha vuelto tan estratégico como buscar a los culpables de dicha pulverización y de las fallidos intentonas de crear coaliciones ganadoras.  En el Estado de México, como ejemplo a la mano, vemos a un PRI cuya estrategia es atomizar el voto del adversario al tiempo que es el único partido que compite en coalición con otros tres.

También Observamos al PAN y al PRD discutir una alianza y al final culparse recíprocamente de no lograrla. Ya en la recta final de la elección, miramos a las izquierdas discutiendo si se juntan o no, y gastando tiempo en culparse mutuamente de no haberse unido. Todas estas actitudes del PRI, PRD, MORENA y PAN desalientan la participación ciudadana. Cuando se puede llegar al poder con una baja participación ciudadana, ¿para qué fomentar que los electores acudan a las urnas?

Y es que los partidos y candidatos cuando piensan en unidad no piensan en mayor participación, sino en unidad para no perder y derrotar a su adversario. No los culpo, es su naturaleza práctica y hasta jurídica de luchar por el poder. Por eso, los ciudadanos no podemos dejar a su criterio y a su capacidad de acuerdos construir mejores índices de participación ciudadana basados en la unidad. En México al decidir no poner límite a la creación de partidos, entonces debemos obligarlos sanamente a ganar claramente en la primera ronda, o a unirse en la segunda aún cuando no lo quieran.

La segunda vuelta debe estar alejada de coyunturas electorales y su único objetivo es aumentar la participación ciudadana y crear gobiernos con el mayor respaldo electoral posible. Por lo anterior urge la ley de la segunda vuelta electoral.

La segunda vuelta tiene dos condiciones sencillas: 1.- La elección es válida cuando participa el cincuenta por ciento más uno de los electores. 2.- Sólo se considera candidato ganador a quien obtuvo el 50 por ciento más uno de la votación.
Existen países en donde se han adoptado medidas más flexibles como las siguientes: a.- no es necesario que vote el 50 por ciento de los electores; b.- En la primera ronda el candidato ganador se puede decretar hasta con un 40 por ciento de la votación; c.- cuando un candidato no alcanza el porcentaje fijado para ganar, pero tiene una diferencia de 10 o hasta 5 puntos respecto al segundo lugar se le considera ganador, independientemente de su porcentaje de votos. En fin, existen muchas variables a considerar en una discusión más a fondo.

De no darse las condiciones anteriores vamos a una segunda ronda donde se presentan cinco requisitos: 1.- Participan los dos primeros lugares. 2.- Los demás partidos tiene la obligación de unirse a cualquiera de ellos. 3.-  Partido que no concurra a cualesquiera de las rondas pierde el registro. 4.- La elección es válida con el número de electores participantes. 5.- En la segunda ronda ya no hay dinero para pequeñas campañas y solamente se facultan debates organizados por la autoridad electoral.

Vendrán otras discusiones como la ley del coogobierno entre los partidos que, durante una segunda ronda se coaligan. También el debate sobre la tecnología electoral para bajar costos. O bien los juicios entre entre la primera y la segunda etapa. Estos, junto con otros aspectos, no son temas menores. Ya los he de abordar en su momento.

Los analistas y la clase política de manera continua dicen que el Estado de México es el laboratorio de la elección presidencial. En el Estado de México ya se vislumbró que la pulverización del voto generará un gobierno con baja representatividad. La probeta indica que para el 2018 se debe considerar en serio la segunda ronda electoral. Por ello urge un debate amplio sobre el tema. Llegó el momento de no dejar a la voluntad y capacidad de diálogo de los partidos el unirse o no unirse. Llegó el momento de regresar a los ciudadanos el reconocimiento de su voto y de su participación. Llegó el momento de frenar esa tendencia nacional de tener gobernantes con baja representación ciudadana. El tema queda abierto.

*Esto se deduce de las encuestas en donde el ganador tendrá un máximo aproximado del 30 por ciento de la votación, y se espera una participación electoral por debajo del 50 por ciento del padrón. El 30 por ciento de un 50 por ciento de participación es el 15 por ciento del total del padrón.

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