A propósito de maestros

La figura de los maestros, en México, tiene muchas aristas y vertientes que inciden en el comentario político, en el reproche, en el folletín, en la indolencia o, de plano, en el linchamiento. Y es que los resultados de las pruebas internacionales (Pisa y Enlace, por citar las más famosas) en el contexto mundial, nos dan mucho qué pensar, qué debatir, qué cuestionar y qué exigir con respecto a los resultados en las aulas, públicas y privadas. Ojalá existan los mismos análisis comparativos con respecto a seguridad social, salario, poder adquisitivos de dicho salario y estatus respecto a los maestros, y también respecto a todo el contexto de nuestro país. Eso ayudaría a entender mejor dónde estamos parados.

No me malentiendan. No trato de disculpar a nadie. He sido alumno y he estado frente a grupo y sé que hay muchas cosas detrás que matizan todo, incluyendo los resultados. Sé de alumnos que tienen que trabajar no sólo para mantener su escuela sino también su familia, así como de aquellos que pueden gastar un dispendio de mil pesos al día, libres de polvo y paja, en golosinas. Sé de alumnos que tiene que defenderse del crimen que a todos nos agobia y de alumnos que llegan con escolta. Sé de alumnos que nunca han conocido el mar y de aquellos que han viajado antes de los veinte años a tres continentes. Sé también de alumnos que estudian por gusto, a sus cincuenta años, una licenciatura que no necesitan y de aquellos que dejan de estudiar porque tienen que trabajar. Sé también de familias que pretenden que se les enseñe, se les eduque en clase lo que deberían aprender en casa.

Sé de maestros que podrían convertirse en un Humbert Humbert nabokoviano y sé también de aquellos que inspiran casos como los de las películas (las basadas en hechos reales: Con ganas de triunfar, Freedom Writers, Al maestro con cariño; las ficticias: La lengua de las mariposas, La sociedad de los poetas muertos, La sonrisa de Monalisa). Mi padre, inspirado por el fantástico protagonista de Al maestro con cariño Sidney Poitier, me puso de nombre de pila el del primer afroamericano en ganar un Oscar. Tal designio, puede, incide en mi disposición a la docencia. Ojalá lo haga tan bien como yo quisiera que fueran los maestros de mi hijo.

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