El cansancio herido de repeticiones se ha vuelto una costumbre

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

Detienes todos los movimientos reconocidos de tu cuerpo, piensas en que eres una estampilla de tu rostro en el espejo, quedas congelada unos segundos, respiras y tu pecho se mueve, parpadeas y la forma reflejada cambia al tiempo que tu cuerpo se mueve. El agua cae del grifo y trata de quedarse en tus manos colgando sus gotas sobre tu piel, lavas tus manos, miras la palma abierta, las líneas, la humedad, las mueves y salpicas la superficie en la que rueda el agua. Das unos pasos hasta alcanzar los pañitos para secarte, enumeras tus dedos, meñique, anular, medio, índice, pulgar, recuerdas alguna canción de la infancia con la cual los aprendiste, terminas de secar tus manos, vuelves a mirar hacia el espejo, te encuentras, ves directo a tus ojos, te ves a ti, caminas hacia la salida y desapareces de tu vista.

En el cuarto, en ese lugar donde solo tus pensamientos prosperan, te quedas viendo hacia el techo, recoges las luces que pasan la cortina, admiras el movimiento de las sombras y cuando parece que todo es estático sientes que la luz desaparece y las sombras adquieren una forma exacta, tienen movimiento propio, cierras los ojos, aprietas mi mano, pregunto qué ocurre y me dices, nada, solo para sentirte.

De repente, cuando la oscuridad es el elemento visible de la noche, percibes la fuerza del silencio y sientes a tus pensamientos acariciar sin prisa mi nombre, sí, te sorprendes con mi nombre entre el silencio y la oscuridad bordeando verbos y sustantivos sin poder detenerte.

Estás en tu cuarto y quieres ser yo para decirme al oído lo que te susurro con versos.

Un leve naufragio ocurre en tu memoria cuando quieres saber cuándo fue la primera vez que me viste, no puedes poner esa imagen para recordarla, y para no seguir dando giros mentales sin encontrarla entonces te dices, ‘fue una tarde y al verme me dijo, eres muy linda, que suerte estar aquí para verte’.

Hablas contigo misma, de mí, tu sonrisa es porque hablas de mí contigo, y te descubres relatando para ti secretos, pensamientos que has tenido acerca de mí, de las raíces y semillas que sabes te conectan conmigo.

Despiertas como si hubieses dormido con los brazos dentro de los ojos, empiezas a sacarlos, sientes rodar las esferas y continúas hasta cuando puedes abrir las manos, y por unos instantes ves dibujadas en tu piel las imágenes del día anterior.

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