En EDOMEX PAN nada más ganó Soyaniquilpan. ¿por qué se derrumbó?

Por Edmundo Cancino. La desgracia y caída del PAN sobrepasó los límites de la imaginación. En el pasado estuvo a unos cuantos votos de ganar la gubernatura (en 2000 obtuvo el 38% de los votos), hoy es un partido que solamente ganó un municipio. Y no Naucalpan, Tlalnepantla o Toluca, sino Soyaniquilpan.

Los problemas del PAN Estado de México son tan fuertes que hasta su análisis de la derrota está equivocado. Los panistas enfrentan una crisis de fundamentos, de principios, de estrategias, de discurso y de programa.

Su crisis no es coyuntural, sino estructural. No se debe nada más a una mala dirigencia estatal, o pésimas dirigencias municipales y a pleitos de compadres borrachos para disputarse el poder. Asunto que ya es grave. Pero el problema es mayor: es un partido que, en nombre del pragmatismo, se abstuvo de relacionar sus estrategias con ideología, programa y principios.

La torpeza histórica de su forma de organización es tan grande y tan obvia que no verla se vuelve parte de la crisis. Creen que todo se arreglará con un simple acuerdo entre dirigentes o una limpieza de culpables. Tal vez sea necesario que algunos de forma digna pongan su renuncia sobre la mesa para ayudar a construir un acuerdo. Pero no algo circunstancial, sino de fondo. Decir quítate tú para quedar yo es parte de la crisis.

El PAN, es un partido cuya legislación, sistemas de acuerdo interno y modelo de comunicación con los ciudadanos pertenece a mediados del siglo pasado.

Déjenme ponerles dos ejemplos de crisis estructural: El modelo de elección de sus candidatos obedece a prácticas del siglo pasado que desde hace mucho vienen siendo usadas en su contra por los priistas. Los priistas conocen el sistema legal por medio del cual los panistas designan candidatos o eligen a sus dirigentes estatales y municipales. En cada proceso interno, los priistas les generan un sistema de juicios internos. Los candidatos del PAN siempre son elegidos tarde y en medio de conflictos. Su sistema legal no los protege, sino los hace vulnerables a la infiltración externa. Es más fácil influir en el PAN desde afuera que desde adentro.

Carecen de un sistema legal para proteger a sus expresidentes de partido, exalcaldes y excandidatos. Todo presidente de partido se vuelve un enemigo; todo candidato de hoy es el encargado de presentar las demandas de mañana; todo el capital político de quien llega al poder se transforma en su peor pesadilla. No tienen un elemental sistema para hacer convivir a quienes fueron con quienes quieren ser. Una y otra vez siguen repitiendo el mismo error.

Mientras sigan en ese camino seguirán cayendo. En tanto reduzcan el análisis de su crisis a un mero problema coyuntural, sus cimientos terminarán por colapsar. Aún tienen tiempo de reconstruirse y ser mejores incluso que ayer. Pero todo dependerá de cómo arreglen sus problemas: acuden al viejo modelo de culpas y castigos; o bien usan la inteligencia y el pensamiento para hacer coincidir sus estrategias de arribo al poder con principios, modernidad, programa e ideas. Al PAN nadie lo ha vencido desde afuera. El PAN mexiquense está siendo destruido desde adentro.

Lo dije desde el 2015, lo repetí en 2016 y lo ratificó ahora: los alcaldes de Naucalpan, Huixquilucan y Atizapán habrían sido mejores candidatos que cualquier externo, incluida Josefina. La falta de estrategia internas; el exceso de soberbia; y la cobardía de no afrontar su momento histórico y pensar con altura de miras hizo de estos tres precandidatos, tres perdedores. Y lo peor para ellos, perdieron sin competir: revisen sus números. Lo dije y lo repito: de poder ser grandes alcaldes se convirtieron en barrenderos de sus municipios. De poder aspirar con mucha fuerza al gobierno del Estado de México se transformaron en cubeteros de agua.

Cualquiera de los tres que menciono habría sido mucho mejor candidato o candidata que Josefina. Pero los líderes azules mexiquenses carecen de autoestima, de ambición democrática, de altura de miras. Nadie los necesita derrotar. Se ven a sí mismos como chiquitos y así los tratan. ¿Cómo es posible que no vieran la grandeza del movimiento panista que casi a fuego y sangre le ganó a Del Mazo en Huixquilucan en las pasadas elecciones municipales? ¿Cómo es posible que se olvidaran que todo presidente o expresidente de Naucalpan es un potencial candidato a gobernador? ¿A quién se le ocurrió cambiar este capital político local por una externa?

A los líderes del panismo mexiquense les falta coraje, ira, indignación. Esa fuerza que tiene un boxeador cuando lo tumban tres veces y se levanta para ganar. Ese ímpetu que tiene un equipo de futbol que va perdiendo cuatro cero y en veinte minutos cambia el resultado. Yo estoy seguro que el panismo mexiquense tiene mucho que dar, pero lo primero es sacudirse ese temperamento timorato y derrotista que anuncia su caída antes de comenzar a tratar de subir la montaña.

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