3 libros para un verano “peligroso”

El verano tiene una dosis idílica canonizada por la canción que conocimos por Roberto Jordán o por la vertiente gringa de Vaselina. El verano o estío y la canícula tienen también un vértice por el que se filtran historias mucho menos encantadoras, poéticas y amorosas. Un ejemplo, en suma incestuoso, es el siniestro relato de Inés Arredondo: “Estío”. Pero acá les propongo tres lecturas enmarcadas en el verano con mucha más malicia que la de Danny Zuko y Sandy Olsson  

Pocas veces volteamos a Sudamérica, menos aún a Bolivia. El escritor Rodrigo Hasbún es, junto con Liliana Colanzi y Edmundo Paz Soldán, de los más visibles en México. En su libro de cuentos Los días más felices Hasbún hace una relatoría de las vivencias de un grupo de recién egresados del colegio en unas vacaciones de verano en las que el alcohol, el sexo -arrebatado e intempestivo como todo en la adolescencia- y la remembranza de los participantes lindan con las fronteras de la memoria. Los cuentos sin estar unidos de manera precisa por una lógica cronológica sugieren un entramado mucho más sofisticado, y por ello, perverso, desde la infidelidad hasta el incesto, desde el olvido hasta la sumisión.

Con una dosis mucho mayor de maldad, vouyerismo y hasta pulsiones asesinas, Ian McEwan narra en Placer del Viajero el destino perturbador y aciago de una pareja —Colin y Mary— que vacaciona en Venecia. Ahí conocen a otra pareja que los llevará a explorar la desesperación, la claustrofobia, el libertinaje y una suerte de asedio sádico que va más allá de las sábanas. Venecia nunca había sido tan tenebrosa

Las novelas gráficas también funcionan para asomarse a mundos profundos, caóticos, siniestros… o nostálgicos. La obra de las hermanas Jillian Tamaki y Mariko Tamaki This one summer se enfrasca en la relación fraternal de Sarah y Windy y su evolución de niñas a mujeres. Una historia de aprendizaje o crecimiento, traducciones de ese terminajo alemán de bildungsroman, en la que las dos chicas se ayudan y se soportan como amigas y como adolescentes durante esa transición en la que perciben, intuyen y se dan cuenta de que hay problemas muchos más complicados que los de la infancia, sobre todo, por el descubrimiento de que, muchas veces, el destino, a esa edad, no siempre está en nuestras manos. La intensidad es tal que hubo quienes pidieron su censura, esos nunca faltan. 

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