Miedo, iceberg en el fuego de los ojos

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

Miedo, período ártico al que caigo continuo. Sustantivo con intenciones verbales; atar, congelar, temer, caer, quebrar, agrietar, herir, morir.

Yo también soy la imagen en el espejo, en la cavidad sin fondo el agujero ocular me contiene, a mí, en forma exacta, sin peso presumido o volumen aproximado, todavía soy sin otra forma para el aplauso, solo esa, la de la luz distribuyéndose. La imagen es solo una réplica de puntos y, por consecuencia, de líneas, no se nota el miedo, esta batalla fragmentada por lo que fue, por lo que ha de pasar, cuánto temor detrás del párpado abierto, así estoy, parado en rieles frágiles, erguido en la única fe, la que vota y juega, y por mí se arriesga.

Una vez tuve miedo, y otra, y otra, y otra vez tuve miedo como ahora, no aprendí, si lo hubiera hecho pensaría en desaprenderlo, de algún lugar, de entre todas las neuronas debe existir unas que nacieron asustadas, así me siento, por ejemplo, ahora, surca dentro de mí un temor por el mañana, por las horas tardías que el reloj promete contar antes de tiempo, por esa mirada inclemente desde el espejo exigiendo sin que pueda responderle a su exigencia, sin que yo la entienda. Tengo miedo, o mejor me gustaría decir, yo siento miedo, aun así las dos maneras me parecen incorrectas, ni lo tengo, ni lo siento, es superior a los verbos tener y sentir, quizá pueda intentar con algo en esta línea, el miedo se apresura a esperarme en cada milímetro de oxígeno que respiro, tampoco es correcto, de cualquier manera, y sin que yo mismo quiera encontrar las palabras adecuadas, el miedo, este del que hablo, está aquí, empotrado en mi rostro y no quiere salirse.

Tomo mis miedos, los junto, con ellos voy dando forma a otro yo, lo moldeo, y pongo a ese otro a ser quien vaya por la vida aparentando ser yo mismo, mientras tanto, yo desde atrás miro cómo el yo del miedo se ocupa en ocultar lo que soy realmente.

Tengo miedo, si toda posesión hace parte de la fortuna, esta es la mía, el miedo como moneda para jugármela a los dados, no a la ruleta, se lanzan los números del cubo en cualquier esquina, el círculo giratorio en cambio requiere de un espacio preparado. El miedo, la única moneda de la cual el hombre no ha podido zafarse desde cuando les puso valor a las cosas.

Solo la experiencia y la habilidad técnica permiten usar la hoja afilada para desprender el miedo que se pega al cuerpo en la noche.

No, no en miles o cientos de fragmentos,
uno solo, tras el acecho,
de un golpe cae el miedo,
un solo tajo,
pulcro y exacto,
se convoca para su propia suerte en creciente,
burla la realidad, la desmiente,
pone grumos en los ojos,
el ofidio da giros, forma la pupila,
rueda el miedo,
de ida y vuelta,
la casa, la oficina,
círculo vicioso,
el sueño que lo olvida,
tras el despertador,
de un solo tajo lo convoca.

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