Tu amor es infinito

Hay libros que nos explotan en las manos, que nos revientan la boca de una bofetada verbal o de una temática precisa o de un recuerdo en particular. En Tu amor es infinito la escritora finlandesa Maria Peura se asoma a un tema terrible: el abuso sexual infantil, sin concesiones, con una delicadeza que raya en el cinismo efectista de la “inocencia”.

No miento si les digo que tuve que detener la lectura, varias veces. En ciertos momentos el shock de las escenas y de las descripciones me asqueaba; no estoy hablando de los excesos a lo Bukowski, que parodian una eterna juventud. Es una violencia frontal y categórica que, pienso, quien disfrute raya la maldad más profunda de la Humanidad: la agresión a los niños, más aún la sexual. El panorama es estremecedor. Según la OCDE, nuestro país está dentro de los primeros lugares en abuso sexual, violencia física y homicidio de menores de 14 años. Y el panorama, según los datos oficiales, sigue aumentando. Por eso, confirmo, mi postura no hay peor agresión que la que se ejerce sobre los niños.

Para terminar de leer Tu amor es infinito tuve que apretarme las agallas, respirar profundo y seguir los renglones en los que, mediante metáforas pueriles, devastadoras, alusiones fálicas y seminales, la protagonista, Saraa, trata de proyectar la brutal agresión del abuelo, incluso se esbozan imágenes oníricas y pesadillescas que sugieren a otros conocidos de la niña. El contexto es particular, Saraa está en el límite de los siete años y en un contexto que nos sorprendería a los tercermundistas como nosotros: los bosques escandinavos de Finlandia. Las alusiones bíblicas nos esbozan una esperanza, pero el tránsito del personaje es superior al infierno dantesco.

Tu amor es infinito es, de verdad, para lectores con el espíritu curtido, fraguados en la indolencia o la inmunidad. A pesar de la “infantilización” del lenguaje, no hay un refugio para nadie.

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