Robots vienen por tu trabajo. ¿El futuro será de ocio o desempleo?

Por Rubén Islas.

Hoy tengo claro que la historia de verdad, se hace en la cotidianidad social y en la forma en que la inteligencia humana resuelve problemas, el conocimiento. El dominio de la tierra y el agua hicieron efectiva a la revolución agrícola y con ella al mundo antiguo. El dominio de la energía cinética (el trabajo necesario para acelerar un cuerpo de una masa determinada desde el reposo hasta una velocidad determinada) hizo posible la forma social industrial (revolución industrial) en la que aún vivimos.

Ella, impuso las reglas del capitalismo y con ellas la transformación del trabajo en mercancías. El trabajo se dice, y lo creímos a pie juntillas,  es fuente creadora de la riqueza. Así lo importante es trabajar y ganarse el sustento, la ociosidad es madre de todos los vicios. Pero el final del siglo XX y el nuevo siglo XXI, con una contundencia nunca antes vista, hizo del trabajo una mercancía en devaluación constante. La nueva realidad es que el trabajo cada vez valdrá menos nos guste o no.

¿Por qué razón?

Como en película de Richard Fleischer (Cuando el destino nos alcance), los seres humanos somos cada día más prescindibles frente a una tecnología, en la que las máquinas, los ordenadores y la robótica se constituyen en el puntal de una revolución científico tecnológica en la que el trabajo y la productividad adquieren un nuevo significado y sentido.

Dicho en forma simple, nuestra nueva era no tiene una respuesta desde la teoría económica para resolver el problema del desempleo, la distribución de la riqueza, la pobreza y las múltiples desigualdades económicas. Una realidad impera, la riqueza está cada día más concentrada en menos manos, el 1% de la población mundial supera en riqueza al 99% restante, según cifras de Oxfam, y eso no va a cambiar de forma alguna bajo el actual modelo económico.

La libertad no es un derecho natural, no existen los derechos naturales. Todo derecho es una creación política que emana desde el poder constituido, lo demás solo son sueños idealistas que no sirven de nada. La libertad requiere para ser efectiva que los seres humanos puedan existir individual y socialmente, ello sólo se logra desde un acento revolucionario, a partir del rompimiento de paradigmas. El paradigma del trabajo está muerto y su resurrección es imposible; el nuevo paradigma anticapitalista será el del ocio. Sí, el del ocio, tendremos que aprender a reivindicar el ocio como un forma de vida válida, ética y productiva, paradójicamente productiva.

Por eso la idea de una renta básica universal no solo es algo que teóricamente se discute en foros, congresos y seminarios, es una realidad a la que se tendrá que voltear, más temprano que tarde, tanto en la nueva teoría económica como en las decisiones de la política económica globalizada. Un ingreso que todos tendremos como un derecho universal, por el simple hecho de existir, el punto de partida que hará que unos decidan entrar al terreno de juego con zapatos, calcetas, camiseta, short y energía para competir, y que otros por su propia voluntad libre simplemente decidan hacer nada.

El siguiente vídeo es sugerido por la redacción de Lector 24 para que los lectores aprecien lo que Rubén Islas habla cuando se refiere al desarrollo de la robótica

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