La contundencia de la serenidad

La vida corre a una velocidad trepidante que, muchas veces, no nos deja espacio para hacer el recuento de los años y de los daños, para hacer un corte de caja y proyectar las rutas y caminos a seguir, visualizar los errores y los excesos, corregirlos si el criterio supera el orgullo y la soberbia. Lo urgente nos come y nos evita precisar lo importante, diríamos en términos muy Godínez y oficinescos, es decir, sufrir los bamboleos de los bomberazos. La prisa es el reflejo de imprudencia, de indolencia, de la imprevisión; las cosas sublimes de la vida nunca surgen de la prisa. Como la poesía.

Me refiero a la poesía, en esta ocasión de Félix Suárez. Su poesía es la más refinada de toda su generación. Por ella ha recibido la Presea “Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio Nacional de poesía Joven “Elías Nandino” (uno de los más prestigiados), Premio Internacional de Poesía “Jaime Sabines” y el Premio Literatura Estado de México. Es reconocido, además, como uno de los mejores editores a nivel estatal y nivel nacional. Confieso que fue mi jefe en el entonces Departamento Editorial de la Universidad Autónoma del Estado de México, mucho menos tiempo del que yo hubiera querido. Pero ello no incide en mi juicio respecto a su obra. A Suárez le he leído desde que en la prepa, me iba al Centro Toluqueño de Escritores a ver qué libro compraba con el presupuesto del estudiante. Así leí Peleas y En señal del cuerpo, luego me encontré su ensayo sobre Luis Cernuda, que también ganara un premio ahora extinto. También le he leído desde Castálida, una revista que él mismo fundó y que sigue vigente, entre otras revistas en las que ha publicado.

La poesía de Suárez se enfoca en dos temas: el amor-erotismo y el paso del tiempo, con la devastación que ambas producen a su paso, pero también con una precisión y una economía verbal que no sólo lo acerca al epigrama (como han dicho todos sus glosadores) sino también cerca de la sentencia y el aforismo filosófico, del misticismo religioso al asombro contemplativo. Pareciera que todas y cada una de sus palabras se confrontan a esa prisa que señalé arriba. La segunda antología, que yo conozco, sobre su obra corrió a cargo del Fondo Editorial del Estado de MéxicoTambién la noche es claridad. La colección, ya la había alabado aquí por la belleza de las ediciones y por la pertinencia de su publicación, sumado a la consolidación de los que algunos llaman la “literatura mexiquense” contemporánea. En ese sentido, la obra de Félix es una de las más logradas. Propongo por ejemplo un poema como “Parte de guerra”

Y yo,

al otro lado de mi corazón,

entre una latitud de reinos

y dioses abolidos,

            oía de noche,

oía muriendo,

la lucha inútil,

el combate ya perdido,

de los ángeles del cielo.

Por mi parte, me voy a tomar un tiempo para leerle con más calma, sin prisa, porque se lo merece.

También los invito a mi blog

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