Conoce qué está pasando en el PAN.

Por Edmundo Cancino

El discurso del PAN se ha vuelto contradictorio porque privilegia la estrategia por sobre la ideología. En el debate entre Margarita y Ricardo Anaya no se sintió que estaba en juego una ideología, un modo de pensar México, una manera de conducir la nación y sus estados. Lo que se sintió que está en juego son estrategias, métodos de elección interna, artimañas para poner zancadilla al enemigo.

Comió más pinole quien tuvo más saliva. Pero a final de cuentas, ganase un grupo u otro, en el fondo sigue existiendo un partido que privilegia la estrategia sobre la ideología.

La descomposición del PAN se deriva del momento mismo en que aceptó privilegiar la táctica por sobre el pensamiento. Nació como un partido demócrata cristiano, luego se convirtió en un partido de la clase empresarial nacional. Cuando llegó a la presidencia no defendió ni sus posturas religiosas ni sus posiciones empresariales nacionalistas, más bien respaldo la economía trasnacional.

En efecto, cuando llegó al poder presidencial, el PAN cumplió su objetivo de reducir el aparato de producción del Estado, una acción que ya habían emprendido los gobiernos priistas de De La Madrid y Salinas. Pero en lugar de fortalecer la empresa nacional (mediana o pequeña) lo que hizo fue debilitarla y dejarla como pequeños empleados de las trasnacionales. La poca empresa mexicana que se fortaleció no lo hizo por mejorar la economía nacional, sino se convirtió en monopólica con el consentimiento de los gobernantes.

A la pérdida del discurso democristiano y de la empresa nacional, el PAN le sumó otro defecto: se desfiguró como un partido claramente antipriista. Cuando el PAN llegó a la presidencia de la República conservó intacta la estructura priista con todo y sus vicios. Desde la presidencia de la República panista, se dejó que los gobernadores priistas destrozaran la organización municipal de los azules. No fueron pocos los panistas de diferentes municipios con quienes platiqué y más o menos me hacían el siguiente comentario: acuerdo mejor con el gobernador priista, que con el presidente de la república panista.

Perdida su vocación ideológica y extraviados en la identificación del adversario, los panistas cayeron en el pleito interno por el poder del partido. Con Calderón se demostró que la sucesión presidencial no vendría por la imposición del presidente en turno. El candidato presidencial nacería de quien tuviera el control del partido. Este fue el modo como Calderón militante se impuso a Fox presidente. Este es el modo en que Ricardo Anaya se impone a los Calderón.

En medio del extravío de las ideas que defendían, los panistas confiaron todo a la estrategia. Y su estrategia no consistía en fortalecer más al PAN, sino en buscar aliados y hacer acuerdos para conservar el poder. Conocí al PAN muy débil electoralmente. Incluso, ni regidores tenía. Pero a pesar de esa debilidad, conservó su idea de jamás pactar con quien tuviese una ideología o estrategia diferente. Hoy, el PAN es fuerte, tiene gubernaturas, expresidentes de la República y una gran cantidad de alcaldes. A pesar de eso, se siente tan débil que requiere de otras fuerzas para caminar.

Hoy día, en los municipios donde habrá elecciones, veo la discusión de los integrantes del Frente y es la misma que los dirigentes nacionales: quien tenga más saliva, comerá más pinole. En ninguna discusión figuran las ideas de la derecha, del centro y de la izquierda. La discusión para elegir candidatos y programas de gobierno estatal, municipal o legislativo se basa en un solo punto: yo tengo más canicas que tú y por lo tanto yo pongo al candidato. Y le responde el otro: pero sin mí no ganas, o bien tú traes más votos pero yo tengo mejor candidato, etcétera, etcétera hasta perderse en el mundo de la estrategia sin ningún rumbo ideológico, mucho menos un programa serio para enfrentar los difíciles problemas del país.

La ideología de centro derecha sigue vigente. Será cuestión de meses ver qué partido o qué candidato independiente se apropia de la misma. El PAN la puede retomar, pero está contra reloj y no se vislumbra quién pueda encabezar ese discurso. 

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