Mamá es también una pesadilla

Vivimos en un país en el que las mujeres tienen que cuidarse de todo y de todos. Las cifras, que son muchas, de muy diversos ámbitos y enfoques, lo confirman. Pocas veces ha sido tan evidente que están casi enclaustradas en una sociedad que poco hace por no agredirlas. A eso me llevó la lectura de Bitácora de mujeres extrañas de Esther García.

Acostumbro darme una vuelta de vez en cuando a las ediciones de autores jóvenes que haec Tierra Adentro. El cintillo con la leyenda Premio Nacional de Poesía Francisco Cervantes, el título del libro, y la breve reseña me decidieron a comprarlo. No me equivoqué, incluso lo programé en un curso, docente que soy, de literatura, enfocada en autores nacido después de 1968. La bitácora de dichas mujeres se convirtió en un recuento de personajes atípicos para los esquemas de comportamiento femenino “comunes”, si es que hay comportamientos comunes o sólo cegueras profundas provocadas por nuestros prejuicios.

Cuando me enteré que el Premio Internacional de Poesía Joven Gilberto Owen Estrada 2017, de la Universidad Autónoma del Estado de México, lo ganó Esther García fui a conseguir el libro galardonado, cuya premiación se realizó en la Feria Internacional del Libro del Estado de México y cuyo trabajo editorial, al comando de Gabriela Lara, es pulcro y preciso, coronado por una imagen de Louise Bourgeois. Desde entonces he leído el libro dos veces, la primera de una sola sentada.

Brutal y devastador Mamá es una animal negro que va de largo por las alcobas blancas es un libro atípico de poesía. Por la calidad de las imágenes, por la contundencia de sus estilo y por su temática. Desde el filicidio a manos de la madre hasta una abanico de posibilidades en torno al aborto, Esther García se sumerge en las posibilidades menos idílicas de la maternidad y de sus procesos. Impacta por la frontalidad de su retórica, a veces a rajatabla, a veces mucho más metafórica. Siguiendo a Kafka, este poemario muerde, pincha, abofetea y golpea de lleno en las buenas conciencias y en los lectores impávidos a los sueños paradisíacos con los que se idealiza a la poesía. Pronto, lo leeré de nuevo.

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