El lenguaje de los símbolos

Si hay una forma de traducir historias enteras, si hay una forma de conjugar los grandes conocimientos místicos en imágenes, si hay una forma de democratizar (término en extremo peligroso para nuestros tiempos) los libros sagrados y las historias fundacionales, esa es la de los símbolos. La cruz cristiana, la media luna árabe, la esvástica nazi, la serpiente mordiéndose la cola son, precisamente, los ejemplos más precisos y sofisticados, cuyo poder no ha perdido vigencia; con excepción de la esvástica nazi, que pervirtió totalmente su sentido original, ancestral, cósmico para convertirse en la insignia y emblema de horror del Tercer Reich.

Desde los estudios de la filosofía del lenguaje, desde la semiótica, de la lingüística, las aproximaciones a el concepto y su intrincados procesos, los símbolos son una demostración de la facilidad con que nuestro pensamiento puede asimilar, procesar, asignar sentidos profundos y reproducir conocimiento ancestral, sensibilidad y significado en un simple vistazo. En mis estudios académicos me sumergí también a la obra de Carl Gustav Jung y de sus sucesores en torno a ese pensamiento en el que se ubican el imaginario colectivo y los arquetipos.

 

Con la hermosa edición que le caracteriza a cualquier libro de la fantástica Taschen, El libro de los símbolos es una compilación, un trabajo enciclopédico que resume décadas de investigación del Archivo de Investigación en Simbolismos Arquetípicos (ARAS, por sus siglas en inglés), en el que confluyen investigadores del imaginario de universidades de todo el mundo en esta asociación con sedes en Nueva York, Los Ángeles, Chicago y San Francisco. Las 800 páginas incluyen imágenes de todos los ámbitos de la cultura: desde la arqueología, el arte, la cultura popular. Es un libro, que ahora más que nunca, me desvivo por recomendar. Vale la pena la inversión y el deleite.

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