La gente se fuga de sí misma porque no cabe en sus propias reglas

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

Todos los caminos conducen al espejo en que te miras.

Los que salen en sus autos a las afueras de la ciudad para comer fuera de casa, los que caminan en los pasillos del centro comercial porque no cobran por pasear en ellos mientras veas sus vitrinas, los que se quedaron en casa y ven televisión desde la cama con un café en la mesita de noche, los que llevan una camiseta de su equipo de fútbol favorito y celebran haber ganado el último partido, los que se tatuaron y no están pensando en significado alguno en su vida para el tatuaje, los que usan zapatos bien lustrados y caminan sin mirarlos, los que atravesaron la ciudad para ir a saludar a la familia.

Los que están trabajando este día y contemplan a sus clientes, los que hablan por teléfono y descubren una verbigracia propia, los que dicen ‘vale’ en vez de decir, ‘de acuerdo’, los que tuvieron sexo y plácidos enumeran la satisfacción de haber amado un cuerpo, los que esperan en el semáforo y se fastidian por el tiempo de la espera, los que toman café fuera de casa y ocupan las mesas de las cafeterías mientras en su cocina hay un silencio de gatos, los que están en el centro caminando tras la siguiente calle, los que cruzaron y dieron vuelta en la esquina.

Los que usan lentes de contacto y también los que usan gafas para ver de lejos o de cerca, los que están estrenando porque es su día de cumpleaños y los que lo están porque es un día de fiesta, los que desean a una pareja y saben que no irán en su búsqueda, los que amanecieron y ya eso les parece suficiente, los que ataron su destino a una religión y hoy es su día de culto, los que comen por placer y los que lo hacen para alimentar al cuerpo, los que no saben y los que sí, pero no saben para qué es el conocimiento, los del otro apartamento y los que viven en la casa a unos metros, los que usan una manilla en su mano izquierda y los que llevan un reloj en el otro brazo.

Los que leen y comprenden, los que leen y no entienden, los que están a dos cuadras de la casa y los que están en la casa sin ánimos de salir a alguna parte. Los que ayer bebieron y hoy están incómodos con la resaca, los que irán a cine en la tarde y no entenderán el propósito del director de la película, los que tienen hijos y quieren salir con ellos a dar una vuelta, los que están comprometidos con una causa y trabajan por ella incluso en domingo, los que deben estar pendientes si los llaman para trabajar desde la casa.

Los que toman medicina en punto de la hora y no se saltan el horario, los que se afeitaron la cara o las piernas o la ingle y usan una cuchilla para ello, los que caminan y trotan y corren sin haber notado que cuando practican ese deporte están huyendo de los otros, los que olvidaron la clave de acceso a su correo, los que aman a los animales que viven en sus casas, los que compraron la lotería y no han revisado si son los ganadores, los que usan ropa interior para ser admirados por quien puede verlos desnudos.

Los que están enfermos y no saben que será la causa de su muerte, los que comparten la ropa con sus hermanos y están pensando en qué ponerse, los que viven más arriba creyendo que están más arriba de los otros, los que hace media hora fueron expulsados del amor que sería para toda la vida, los que anunciaron a todos la pelea dando gritos, los que encontraron una moneda para poner en la alcancía, los que cambiaron la posición de la cama en la habitación después de haber leído una teoría sobre la energía de las cosas.

Los que no se lavaron el cuerpo y temen se les note en sus olores, los que están averiados y aun así se ofrecen nuevamente para amar, los que escuchan música y se sienten confortables con su gusto musical, los que van al gimnasio en el auto, los que viven con el temor de ser descubiertos, los que están haciendo tareas para la universidad o el colegio, los que atraviesan una temporada de enfermedades dolorosas, los que se atrevieron a contrariar a sus padres y fueron castigados por el atrevimiento.

Los que miran la hora sin tener una cita, los que llevan paraguas sin importar el pronóstico de clima seco, los que están cautivos de sus estados hormonales, los que limpian la basura que otros tiraron a la calle y los que tiraron la basura, los que usan perfumes y cremas y talcos y aromas en su cuerpo, los que creen que el cuerpo no les da para soportar el tiempo.

Los que estamos aquí y ahora, compartimos el mismo estado de estar cerca de la vida y de la muerte.

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