Los 3 mejores libros que leí este 2017 y los 3 peores

Tenemos una urgencia por las listas que parece un hambre insaciable. Hacer listas es una forma de organizar el mundo, de priorizar las urgencias, de coordinar los deseos y motivos. Hacer listas es también la condena de excluir lo que no cabe, justamente, en dichas listas por parámetros, pertinencia, calidad y una larga lista (sí, elegí el término adrede) de razones. A estas alturas del año ya salieron los recuentos de lo más visto en youtube, lo más escuchado en spotify, lo que cimbró al mundo en twitter. Todavía faltan las que se dan en vísperas del Año Nuevo. Pues yo me sumo a la enumeración, con los libros que más me gustaron de este año.

Después de 61 libros leídos este 2017 (43 de autores vivos y 18 muertos; 27 de poesía, 25 de narrativa, 7 de no ficción y 2 novelas gráficas; de autores extranjeros y locales) y de las recomendaciones que hicimos durante el transcurso de este año (excluidas de esta lista por haber tenido ya su espacio propio) propongo tres buenas y tres mañas.

El primer lugar recién lo acabo de terminar. El francés David Foenkinos cuenta la historia de una editora literaria y un escritor que descubren un libro fantástico, que convierten en un éxito, en La biblioteca de los libros rechazados. La historia no es sólo la de la publicación de un libro pulcro sino la de todo el enmarañado fervor que causa en la sociedad un autor desconocido y extravagante: un pizzero de provincia. En contraste, por libresco, La mujer inexistente de Jaime Mesa (ha quien ya habíamoss recomendado con Las bestias negras) me parece demasiado artificial y lo dejaré en la lista de los peores. La historia de una mujer que vive bajo la sombra de sus colegas, amantes y compañeros me parece fallida por ser narrada desde un tercero y no desde la protagonista, cuya voz no cuaja nunca para mostrar ese subyugamiento que, al parecer, no se merecía.

 

En segundo lugar, tengo un empate entre Los niños perdidos de Valeria Luiselli, una suerte de memoria en torno a lo la migración hacia los Estados Unidos de los niños que huyen de la violencia de Centroamérica, en especial la provocada por la Mara Salvatrucha. Luiselli es ya un pluma madura, confirmada y que en cada experimento suela salir bien librada y superarse en calidad, estilo y profundidad. A la par, la argentina Mariana Enríquez y sus libros de cuentos de terror Las cosas que perdimos en el fuego fue el descubrimiento más sofisticado en una temática que, por folclórica, pocas veces se toma con la importancia que la literatura merece.

En tercer lugar, sumaré una novela gráfica que ha causado sensación y hasta película inspiró, Arrugas de Paco Roca. La historia de un asilo y un protagonista que cae en el abismo de la desmemoria , provocada por el Alzheimer. Conozco el tema más de cerca de lo que quisiera, y aunque la narración de Arrugas es mucho menos que superflua, tiene el tacto de la sugerencia, pero sobre todo de la insinuación mediante los blancos en la ilustración: dos páginas que valen la narración.

Uno pone muchas expectativas en aquellos libros (discos, películas, series) que han tenido el aval del gran público o de nuestros recomendadores oficiales (amigos, familiares, colegas, maestros). Probablemente esa sea la causa principal de estos libros que no me gustaron y que no recomiendo. El primero es el conjunto poético-gráfico de Rupi Kaur: Otras formas de usar la boca, que si bien son muy biográficas en cuanto a violencia sexual intrafamiliar, me parece que pudieron ser mucho menos tangenciales y sí mucho más intensa. Y ya para cerrar, y con la misma sobrevaluación Baluarte de Elvira Sastre. parece que la guapa poeta y traductora española se lee mejor en fragmento y en redes que con la responsabilidad artística de un libro entero.

 

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