Lo que nos dejó 2017

¿Cómo recibir un Año Nuevo sin sufrir en el recuento del año agonizante? Las circunstancias de cada año nos dan para tener un superavit, un saldo a favor respecto a lo que vive y su sufre la humanidad, o si quieren nuestra sociedad (pónganle círculos concéntricos con un eje en:______).

Así pues, justo como las manías por hacer listas de lo mejor y lo peor del año, recibir el Año Nuevo con un recuento de qué nos heredó el año agonizante y que nos depara el siguiente es uno de nuestros ritos civiles más esparcidos por el mundo. Probablemente, el único estrictamente civil que excluye cualquier infiltración religiosa, agrícola o climática. En ese contexto, 2017 fue muy poco alentador, por hecho muy concretos: la liberación formal del precio de la gasolina, la asunción al poder de Donald Trump con todas sus consecuencias (su renuencia a los protocolos en torno a detener el cambio climático, la persecución de migrantes, la salida de la UNESCO de la Unión Americana, el aumento del dolar…), la confirmación de la violencia (este fue el año más atroz para la sociedad mexicana y su derivación en la Ley de Seguridad Interior. Eso a ojo de buen cubero y sin enfocarnos en casos particulares de algún estado o región.

Del lado bueno, para no ser tan tremendista, está el inicio en la transformación de los esquemas de comportamiento entre hombres y mujeres, gracias a las denuncias alrededor del mundo por parte de las mujeres agobiadas. Me refiero a la concientización por parte del sector masculino de las consecuencias de actos y acosos, así como las consecuencias legales y civiles (desde la infamia hasta el estigma). También percibimos un despertar de la sociedad civil a partir de la solidaridad y el esfuerzo en la ayuda y apoyo a los damnificados por los temblores, cuyos ecos resonarán fortísimo, ya verán que sí, en 2018.

En el plano personal, cada quién sacará su saldo de este 2017. Lo cierto es que somos arquitectos de nuestro propio destino, como bien lo dijo el Quijote, y 2018 no se quedará esperando a que nos decidamos a hacer lo que nos corresponde.

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