Cómo acabar con la corrupción

Somos víctimas y culpables de lo que provocamos. Si hay algo que le causa problemas a nuestro país, directa e indirectamente, esa es la corrupción. La corrupción deriva en otros problemas como la impunidad, la permisividad de instituciones y proyectos respecto a delitos, baja calidad en productos y servicios e ineficiencia, que a su vez se convierten en engaños, incumplimientos o faltas en detrimento de consumidores, usuarios o ciudadanos, según la perspectiva. Tengo que repetirlo, somos víctimas y culpables de lo que provocamos

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Según Transparencia Internacional, somos uno de los países con mayor índice de ciudadanos que han pagado un soborno, tenemos la menor cantidad de jueces en América Latina por cada cien mil habitantes (mitad del promedio de la región) e invertimos muy poco en justicia (1% del PIB en contraste con 4% promedio de América Latina). La percepción es todavía peor, en términos reales y en el secreto a voces de los pasillos y acera: 61% de la población percibió un aumento de la corrupción. El perjuicio, en términos económicos asciende al estimado de 347 mil millones de pesos, por elucubrar una cantidad global. Aunque podría ser peor, con una lupa como la de Héctor Raúl Solís, quien considera que quienes ganan un salario mínimo pagan 33% de su ingreso, así como 95 % de los delitos quedan impunes, lo cual es causa y consecuencia de que se reporten o denuncien sólo 11 de cada 100 delito, se investigan solo 6 y se resuelven solo 3. Con éste último dato podemos percibir la boca de la serpiente que se muerde la cola: somos víctimas y culpables de lo que provocamos

Los datos no son nuevos, fueron difundidos a finales de agosto del año pasado. Justo en el inicio de este torbellino, con el triunfalismo de los buenos deseos, con la sobredosis de optimismo ingenuo, con los propósitos grandilocuentes y en la proyección de este año electoral conviene preguntarnos: ¿cómo vamos a acabar con la corrupción? Si 74% de los mexicanos consideran que los esfuerzos ciudadanos tienen alta relevancia e incidencia en el combate a la corrupción, como lo señala la nota arriba etiquetada, ¿qué vamos a hacer nosotros?

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Pagar los impuestos correctamente, respetar y hacer cumplir leyes y reglamentos, no promover las mordidas, no pasarse los altos, no estacionarnos en los lugares que no nos corresponden, no tirar basura, educar a nuestros hijos para que censuran a rajatabla el dogma “el que no tranza no avanza”, no vender nuestro voto, no promover noticias falsa. Suena tan sencillo que me hace pensar que es posible, justo como darle el crédito del éxito a quien se lo ha ganado sin jalarle, como cuenta la fábula de los cangrejos, los pies o “ningunearlo”, como decía Octavio Paz que hacemos los mexicanos con respecto a nuestros compatriotas en El laberinto de la soledad (a fines de la década de los 40). De otra manera, si seguimos haciendo lo que hacemos, si sumamos ese esfuerzo “tan sencillo” a la denuncia y la exigencia de cuentas de las autoridades y políticos: Somos víctimas y culpables de lo que provocamos.

Nadie va a poner nuestro grano de arena, ni mucho menos ese grano se va a convertir en la montaña o en el muro que detendrá fuerza mayores.

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