Odio Internet

Estamos casi desnudos, vulnerables, expuestos. Y muy probablemente por nuestro propio gusto y voluntad, a través de las redes sociales, sobre todo, así como de todos los datos que son asequibles mediante los grandes consorcios de Internet (Google, Facebook, Apple, Amazon), que se hacen ricos con nuestros datos. En la época de internet, todas las ventanas están abiertas y son pocas las formas de cerrarlas. Como toda herramienta, como toda tecnología, responde a las decisiones de las manos que las utilizan, para bien o para mal, como todo el cristal con que se mire.

Todo mundo puede escribir y dar su opinión, y atizar el látigo de sus odios y enfocarse en ese escudo invulnerable de la anonimidad para atacar a diestra y siniestra a quien sea. O, en su caso, convertir las redes sociales en un estrado para enjuiciar y linchar públicamente sin atender los procesos conducentes de la Ley. O, en el peor de todos, exhibir la intimidad y allanarla para comerciar con ella o para subir la intimidad misma de la persona particular a un cadalso como si fuera una lapidación. Sólo hay que tener acceso a Internet para blandir los filos de esta navaja. Esa es la premisa más elemental de la anécdota que subyace la “buena mala novela” de I hate the internet de Jarret Kobek. Es cierto, el libro no es para nada una obra que vaya a cambiar o superar las cimas estéticas de la literatura. Pero es divertidísima, lapidaria, sarcástica, tremendamente contemporánea (hoy por hoy) y abre la ventana para entender mucho más fácilmente el presente y el futuro comandado por ese paraíso/infierno de Sillicon Valley.

La novela despotrica contra todos los cánones proyectados por la red, sobre todo el mundo del cómic y la novela gráfica. Además, parece esbozar las primeras decepciones de la generación anterior a los millenials y a los millenials mismos. Eso ha incidido en su gran éxito a nivel internacional. Tanto el alemán Der Spiegel como el inglés The Guardian lo recibieron con beneplácito, certificando su posición como un raro fenómeno, en un mundo editorial subordinado a la superación personal, las sagas juveniles y los libros típicos de Best sellers. A dos años de su publicación, este libro se convertirá en un punto de partida en torno a la visión respecto a el cambio en la vida que nos trajo Internet


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