Literatura de la Migración en México

Si la historia de la humanidad fuera como el mapa de anillos de los árboles, cada anillo sería, creo, una guerra o una brutal manifestación de violencia y el umbral entre cada anillo una oleada de migración. Si la historia de la humanidad fuera una piel, esos serían sus tatuajes y sus arrugas (a lo que deberíamos sumarle los revoluciones industriales). No suena ilógico que en la mitologías, los leyendas y las grandes historias, los viajes son trascendentales para los protagonistas y, sobre todo, la transición para una etapa distinta en la vida.

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En México, hemos vivido años terribles de violencia y de empoderamiento, a sangre, fuego y cenizas, del crimen organizado; los migrantes que cruzan del sur hacia el vecino país del norte son probablemente los más indefensos. Por eso, en la literatura de la migración (o lo que me atrevo a denominar así) hay una primacía de la violencia, dado el contexto en el que sucede esa migración, es decir, desde la marginalidad, la pobreza, la ilegalidad, así como con la casi ubicua presencia del crimen organizado. ¿De qué trata esta literatura? Del viaje y del infierno que sufren los migrantes en los territorios inhóspitos de nuestra violencia, de nuestra burocracia, de nuestras instituciones, de nuestra geografía y de nuestros criminales.

No son relatos idílicos como “De los apeninos a los andes” de Edmundo de Amicis o la aventura de transformación de los Diarios de motocicleta. Son la boca abierta de la bestia: La Mara de Rafael Ramírez Heredia, Norte de Edmundo Paz Soldán, La fila india de Antonio Ortuño y Las tierras arrasadas de Emiliano Monge. En una suerte de tercera camada de “narcoliteratura” encontramos libros que podrían encajar con esta definición, como Señales que precederán el fin del mundo de Yuri Herrera y de cierta manera la poética Antígona González de Sara Uribe.

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La Literatura de la Migración se libera del cliché de la novela policiaca o de aventuras y elimina la focalización geográfica en torno a una ciudad en la que se sufre la batalla de dos bandos (barcos vs narcos o narcos vs gobierno o narco vs ciudadanos) y se hunde en un trabajo verbal casi barroco: sobre todo en el caso de  La Mara. En otros casos, resalta una linealidad quebrantada: la polifonía de voces de Antonio Ortuño en La fila india, y los saltos cronológicos en Norte de Edmundo Paz Soldán. Con excepción de La Mara, todas estas novelas a las que denomino Literatura de la Migración fueron publicadas en el lapso de 2010-2015.
Seguramente, tanto los hechos como la literatura que refleja, seguirán hablando de esta migración, como ha sucedido de alguna manera con los escritores de África del Norte.

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