Cinco novelas sobre política y poder

El poder es un disfraz muy sofisticado. En algunos casos es el rostro descarnado y desenmascarado de la prepotencia, la intriga, la treta y el engaño; en otros es la revelación de las ambiciones más complejas de los espíritus turbados por el acceso a aquello con lo que nunca se soñó; en los menos es la manifestación de articulaciones muy precisas y premeditadas, a veces de un cálculo maquiavélico y estratégicamente premeditado, que fácilmente se equiparan con la guerra.

El poder es siempre un tema fascinante, como espectáculo de la inteligencia o como una sombra subterránea de nuestras propias ambiciones fingidas. Las artes narrativas lo han percibido de muchas maneras, desde las fundacionales obras de Shakespeare (Ricardo III, Macbeth, además de todas la obras históricas), pasando el énfasis insoslayable en las profecías políticas de Aldous Huxley y George Orwell o las parodias sarcásticas de Robert Graves hasta las demostraciones visuales de sus aplicaciones, como Todos los hombres del presidente, Doce hombres en pugna, Scandal o House of cards.

En la literatura mexicana el tema ha sido muy puntual en el siglo XX. Quizá la obra más significativa es La sombra del Caudillo de Martín Luis Guzmán. Inspirada en un hecho histórico, la obra (convertida después en película, censurada, claro está) se enfoca en la travesía espiritual del diputado Axkaná González hacia la corrupción total, marcada por el asesinato de un aspirante presidencial por órdenes de “El Caudillo”.
En una de sus novelas más importantes, La región más transparente, Carlos Fuentes su novela más importante a la investigación de los ideales tergiversados de la Revolución Mexicana por el partido del protagonista: el arribista Ixca Cienfuegos. Además, ese gran Carlos Fuentes se da el lujo de usar la Ciudad de México como un escenario real (con yuppies, juniors y familias fifí incluidas) con grandes dosis de simbolismos religiosos prehispánicos, lo que tiñe la novela de una mística mucho más intemporal, mítica.

Ya mucho menos eficaz, parodiando una relación epistolar al estilo de la fantástica Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, Fuentes se regodea en fabular personajes políticos más ampulosos y sin escrúpulos en La silla del águila. Eso sí, sin el carisma estético ni literario de La región más transparente, pero no por ello menos entretenida.
Los ámbitos del poder son muchos e implican no sólo a los protagonistas, a los que están en la trinchera, en el ring público. También hay personajes igual de oscuros y perversos tras bambalinas o aquellos que se confrontan al poder o al caudillo en turno desde la pluma. Ahí podrías incluir La guerra de Galio del polémico intelectual Héctor Aguilar Camín. La novela es una verdadera delicia de intriga y suspenso con protagonistas de la segunda línea: intelectuales y periodistas, que bien podríamos ponerle nombres muy reconocibles, a pesar incluso de que la realidad supera la ficción.

En una tercera línea, quiero mencionar El observador de Ígor Vivero, cuyos protagonistas están más cerca de la resignación pasiva que de la toma de decisiones. Testigos del ruedo de tramas políticas que no terminan por desentrañarse (porque no es ese el objetivo de la novela sino el pretexto) los protagonistas sólo observan y elucubran sobre las ondas expansivas del poder.

Muy probablemente se me escapen varias obras sobre una temática tan universal como añeja, pero siempre hay un atril de lupas para asomarse a lo que la literatura y el arte nos revela de la vida.

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