Enumeraciones sobre conversaciones secretas

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

Te levantas del sofá después de haber desconectado el televisor, has consumido una hora de historias e imágenes, dejas el control remoto sobre la mesa de centro, caminas y apagas de manera mecánica la luz con el interruptor que se encuentra en la pared, dejas la sala a oscuras, vuelves al sofá, te sientas nuevamente en el mismo lugar, te quedas quieta, miras ahora a la pantalla del televisor, decides como cada día quedarte el mismo tiempo que usas para ver programas en el televisor solo que sin ver nada, apenas lo que puedes otear con la claridad que se escapa desde la calle hacia las ventanas. Tomas notas mentales de los ruidos, de las luces que agrietan la pared oscura, de los movimientos de tu cuerpo, te tocas las manos, las frotas, haces lo mismo con los pies y las rodillas, no tocas el control remoto, aunque lo ves constantemente.

Enumeras los segundos con una táctica infantil, un ciento, dos ciento, tres ciento, cuatro ciento, y continúas hasta que te aburres de hacerlo, sientes la tensión en la espalda, cambias de posición, revisas mentalmente el horario, crees que has estado mucho tiempo en el sofá, miras la hora que muestra tu celular, apenas han pasado unos minutos, vuelves a ver hacia la pared, a la ventana, al televisor, al control, y mantienes tu compromiso, seguir y ocupar sin hacer otra cosa que estar el mismo tiempo usado para ver televisión.

Te piensas, piensas en cómo te verías a ti misma observándote desde la puerta, haces varios esfuerzos para narrarte cómo sería tu mirada, se te ocurre que te verías en dos planos apenas, no en tres, una lámina con la forma de tu cuerpo, sin colores, en blanco y negro, sin aroma, el olor sería el del cuarto, ahora cuando piensas lo último te dices, el aroma debe ser una de las dimensiones adicionales a las que hacen referencia aquellos a quienes les gusta argumentar que el mundo físico observado por nuestros ojos no es el único.

Abres al máximo la boca, dejas salir tu aliento y lo recibes en la palma de la mano, se te ocurre ver un espejo entre las líneas, el aroma observándose, así como los ojos se ven a ellos mismos en los espejos de la casa, así el aliento se mira en la palma abierta. Continúas, entiendes que también hay pisos térmicos en la sala, sientes la cabeza más caliente que los pies, los brazos y las piernas con otra temperatura, los pies se resienten por le frío que sale debajo del sofá.

Te palpas los brazos, te hueles, todavía hay aroma de la crema que usas en el cuerpo, todavía con pequeños titubeos aparece la esencia de tu perfume, esa debe ser tu cuarta dimensión, eres alta, ancha y profunda, pero también, tienes la forma de tu aroma. Vuelves a ver el reloj, el tiempo ha ido más a prisa cuando has estado diluyéndote entre ideas, intentas retomar una de hace un par de días, no lo logras, te quedas con tu aroma, usas toda tu capacidad olfativa para imaginar cuál sería esa cuarta forma, la de tu aroma, en qué se diferencia de la forma aromática de los demás.

Es hora, el tiempo exacto, te levantas del sofá, caminas sin encender la luz, pasas hacia tu cuarto, te acomodas en la cama, no pronuncias oración alguna, te duermes hasta el siguiente día.

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