La memoria todo lo sostiene

Durante más de 10 años cuidé, junto con mi familia, a mi padre. Tenía Alzheimer. Hay enfermedades que también sacuden a los demás. Cuando uno tiene un resfriado o una infección estomacal (por mencionar las más comunes), ruega que haya alguien que nos apapache. Cuando la intensidad de la enfermedad es mayor implica todavía mayores cuidados y preocupaciones, mayor urgencia también de apoyo anímico. Cuando la enfermedad es crucial, todo se convierte en un tránsito bamboleante por una cuerda floja vital. Si bien toda enfermedad es crucial para el cuerpo, las enfermedades crónico-degenerativas son también una crisis para la familia y en el ámbito de la salud pública.

El Alzheimer ataca a la memoria. La memoria es el cimiento de todo el funcionamiento corporal. Sin ella se pierde la noción de tiempo y espacio, se pierden  las capacidades del lenguaje y raciocinio. No se hilan oraciones, no te reconocen, no se pueden comunicar. Luego, como si fuera un edificio que se desmorona, colapsa el cuerpo. El sistema neurológico ya no realiza sus funciones elementales: sueño, equilibrio, movimiento, alimentación, digestión, hasta que, pum, se apaga. El proceso es largo e implica a todos alrededor. Cualquier resumen o relato es solamente una parodia de una verdadera y terrible demostración de la vulnerabilidad del ser humano.

Para la Organización Mundial de la Salud, el Alzheimer es un problema real y crucial de salud pública mundial, sobre todo en el contexto de un aumento de la esperanza de vida de 80 a 90 años, pues dos de cada tres personas mayores puede sufrir algún tipo de demencia senil. Además, 47 millones de personas sufren Alzheimer, una enfermedad crónico-degenerativa, dentro de las cuales podemos sumar: cáncer, diabetes, las cardíacas, la demencia senil, las enfermedades respiratorias, por citar algunas. Según la Organización Mundial de la Salud, son la causa de 63% de las muertes en el mundo. En 2008 murieron 36 millones de personas por ellas. El Alzheimer, junto con el Parkinson, son las que corresponden a los adultos mayores. En México hay un millón, diagnosticados, y se prevé que de 2015-a 2050 se cuadruplique esa cifra.

Mi experiencia (lo único de lo que realmente podría hablar) no es sino un prextexto, hoy, Día Mundial del Alzheimer para exhortar a la conciencia en pro de los enfermos y de sus familias. Pero también para puntualizar de manera insistente en la importancia de la memoria. Quizá uno de los sentidos más humanos, sin dejar de estar pegado al cuerpo. La memoria implica historia, intimidad, personalidad. 

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