Insomnios con visitas nocturnas

Humo de mis plegarias WordPress cabezal

Por Óscar Vargas Duarte

Apagas la cortina, eso te dices al abrirla y dejar que la luz de la calle se empecine en llegar hasta tus ojos, también mencionas algo acerca de que la luz, aun sin que tú la veas, riega sus ondas sobre la cama, y el piso que la circunda. Es tarde, la mujer quiso quedarse esta noche contigo y duerme, son casi las tres de la mañana, ella ha dormido por lo menos dos horas mientras tú has estado negociando con el insomnio pequeños segundos a los que llamas micro sueños. Ella se ha cubierto todo el cuerpo, tú, antes de levantarte a ver por la ventana le estabas tocando los senos, la ahora distante forma de los pezones levantados está presente en tus manos abiertas.

Miras hacia la calle, desde allí ves la esquina, no puedes doblar en ella con los ojos, tu mirada apenas llega hasta donde la sombra de la luz lo permite. Escuchas la respiración de tu pareja, no parpadeas para verla, cuentas las veces que ella aspira aire hasta los pulmones, enumeras las respiraciones antes del siguiente movimiento de los párpados. Afuera solo las sombras se mantienen, no les hace mella alguna que tú te fijes en ellas, no rueda sobre el firmamento la bola solar para que las obligue a desplazarse.

Pones tu atención en sentir el rápido recorrido de una pareja que vuelve tarde a su casa, los ves, sonríes, los ves reír y hablar, son gente seria, están divirtiéndose con la charla, con la claridad que les da la noche, con la oscuridad que vive la noche, son gente seria que se toma la vida alegremente.

La mujer en tu cama continúa dormida, recuerdas que la sentías líquida con sus orgasmos sobre tus piernas, recuerdas que hurgaste en ella y era húmeda, la ves plácida en medio del sueño, la imaginas marítima como la tierra, llena de agua y, mostrándose cada día como tierra firme.

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