Para sumergirse en Portugal

El país de la saudade y de los grandes marineros, Portugal es el país invitado a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Es un país relativamente cercano a nuestras costumbres e historia. Latinos, católicos, partícipes del choque de dos culturas, son algunos de los puntos de encuentro.

En cuestiones literarias, en México por fines de los 70 Francisco Cervantes y Miguel Ángel Flores fueron de los primeros traductores (casi descubridores) de ese género en sí mismo que es Fernando Pessoa y todos sus heterónimos. Pessoa es la letra mayúscula, avalado además por una leyenda en torno a su personalidad de genio. A él se le suman las otras dos plumas medulares: Eca de Queiroz (sí, en cuya obra se basó Vicente Leñero para hacer el guión de El crimen del Padre Amaro) y el Camoens. José Saramago es amado por los lectores mexicanos y fue consagrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de México, en una ceremonia entrañable, abierta al público a la que muchos pudimos asistir. Esas son los cuatro puntos cardinales.

Para sumergirnos en Portugal, recomiendo La historia del cerco de Lisboa y Viaje a Portugal de Saramago, unos de los Premios Nobel más entrañables de los últimos tiempos. También la Antología de poetas portugueses compilada por Miguel Angel Flores. Y el brutal y trepidante El archipielago del insomnio de Antonio Lobo Antunes.

En cuanto a la música, el fado tiene el mismo tenor espiritual del quebranto provocado por el desamor y sus desolaciones (ausencia, engaño, despecho). En mi opinión parece el canto cardenche, éste último parte del dolor provocado por la espina del cardo que, dicen, empuja su filo hacia el corazón, como si tuviera fuerza y vida propia: ¿acaso no es igual el desamor? Igual de entrañable fueron los fados de Madredeus y la hermosa Teresa Salgueiro. Sumaría a los divertidisimos Deolinda, a los electrofados de los extintos Donna Maria, el r&b de Expensive Soul, la versatilidad de Cristina Branco y la guitarra de Antonio Zambujo. Y bueno, para comer los sendos restaurantes en la Roma y La Condesa: feijoada, oporto, vino verde y cualquier cantidad de cocina marina.

Si me apuran, la fantástica novela de Antonio Tabucchim, Requiem, fusiona esa melancolía de los que se dicen los europeos más tristes (saudade de pormedio) con la exquisita gastronomía y un homenaje a un amigo añorable desaparecido (Fernando Pessoa), cuyo fantasma ronda las calles de Lisboa.

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