Historia de los hijos según los padres que los engendran

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

Siempre es la misma hora sin respuesta, no he aprendido a hacer la pregunta.

Al comienzo eres el hijo del dios, y tu padre te expulsó del paraíso, sin una madre a quien identificar o en quien encontrar una palabra de consuelo.  No hubo encuentro y sin encuentro pasión por la caricia.

Eres el nieto del dios y tu madre fue una costilla. No puede haber observación alguna acerca de ese primer encuentro entre quienes fueron el padre y la madre de todos los que les siguieron.

Un solo padre y varias madres, eso tuviste, cada cierto tiempo era cambiado el lugar materno en casa y tú relegado a ser el hijo de las otras.  El encuentro y la caricia no siempre fueron juntos al mismo lugar, unas sí la caricia era propicia y nacías de ella, otras no, solo el encuentro obligado con el útero abierto.

Luego eres el hijo de tus padres hasta cuando la muerte los separaba, una paciencia obligada para aceptar al otro hasta el final de la vida, y tú modelabas en tu memoria eso para ti y tus nietos.  La primera y las citas siguientes de preferencia amorosa, luego la costumbre y el amor confundiéndose.

Más tarde, eres el hijo de tu padre y tu madre, así por separado, porque en alguna edad ellos dejaban de estar juntos, entonces tenías un padre y una madre, en lugares distintos, distanciados por el deseo de libertad de cada uno.  Ese mismo deseo de libertad se había conjugado para hacerte presente.

Eres el hijo de madres solteras, y tu padre un hombre que no pensaba en mañanas de casa, en espacios para ser más de dos en una familia.  Fruto del amor voraz de un instante, de la fogosidad de un hombre y una mujer expresándose.

Unos años después, eres hijo de tu madre, y tu padre un escupitajo de semen donado por un desconocido a quien nunca verás en la vida.  Tu donador fue escogido por señales médicas, por los atributos del esperma, claro, sin presunción posible de caricias sobre el papel en donde se firmaron los derechos de tu madre y de la clínica.

En un tiempo posterior eres la combinación del ADN de un hombre y una mujer de quienes no sabes nada.  Si existe un padre existió como una memoria genética, y tu madre fue un tubo de laboratorio.  Eres el hijo de quienes pagaron para que te produjeran.

Después, eres un producto industrial que se vende en las farmacias de lujo, creces solo hasta la edad que tus compradores quieren, un niño en una infancia eterna porque tus padres quieren un objeto de gozo, no un ser libre expresándose, un ser de edad adulta por toda la eternidad porque ser eternos está de moda.  La palabra padre o madre, aunque está en tu vocabulario no significa lo que fue para tus antecesores.

Eres un ser sintético producido por la industria estatal que considera necesaria la expansión para hacer más grande el territorio, para mantener la producción que asegure la permanencia del sistema.  No existen las palabras padre o madre, eres un producto registrado, una franquicia de producción masiva.

No tienes padre ni madre, tu eternidad debe ser declarada por seres mortales, creas a un hombre, y a una mujer de su costilla.

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