Mujeres invisibles

Humo de mis plegarias WordPress cabezal Por Óscar Vargas Duarte

«Uno no siempre hace lo que quiere
uno no siempre puede
por eso estoy aquí
mirándote y echándote de menos.»
Mario Benedetti

 

Si de ser invisibles se trata, debe parecerte suficiente la ignorancia, la indiferencia que por ti tienen los otros.

Las mujeres invisibles se acarician desnudas en el parque junto a los hombres que van solos a alimentar sus ruidos internos, huelen, son aroma y solo lo sienten aquellos que creen en mensajes secretos viajando en el eco.

Las mujeres invisibles dicen, hay dedos sin tacto que sustraen de mí el éxtasis y lo vuelven multiplicado a mi boca en palabras sin gramática.

Supieron de su invisibilidad cuando su amante las buscaba sin encontrarlas y ellas en la cama horneaban tristezas y se cubrían con las pequeñas sombras que llegan a los resquicios, ahí estaban, sin ser vistas en la costumbre del otro.

Llevan en su silencio a una mujer invisible que grita por ellas mientras su boca se mantiene cerrada.

Las mujeres invisibles te miran con desgana y ponen en su lengua el sabor del aire, la fertilidad de una roca pintada en las paredes de una calle de barrio, usan dentífrico y piensan en ello cuando les hablas porque no has aprendido que ellas te huelen.

Dan por sentadas las horas de sexo y caen inmoladas ante la placidez del sueño de quien solo sabe tres caricias, no son el grito del viento en el bosque o la tormenta de olas, sus piernas tiemblan de fracaso.

Usan lentes para continuar el viaje, su mirada sin ellos está vacía de atracciones, el cristal por el que miran pone luz en donde solo hay pereza oscura, llenan de oscuridad en donde la luz no agradece la pasión que puede suceder en las sombras.

Su sonrisa cruza geografías invisibles desde su memoria hasta el lugar en donde miran.

Repiten los besos y desprenden de su cuerpo la timidez del primer día, de un diccionario invisible sobre su piel aparecen las palabras, seno, lunar, espalda, ombligo, y van leyendo el diccionario sin decir en voz alta las palabras.

Invisibles para quien ignora su extraordinaria algarabía.

Su mirada está hecha de invisibles, en ella caben todos los secretos.

También lo dijeron los viejos del mismo modo en que concluyó el verso del poeta: es invisible la soledad, está asida al cuerpo como una sombra.

La nube marca territorio, el asfalto cuenta gotas, la campana de la iglesia envidia el grito envuelto en truenos, un perro ciego ladra a las presencias oscuras que lo vedan, el semáforo abre su garganta de colores, unos pasan, otros quedan. Ella espera en la otra esquina, es invisible para la ciudad, las gotas caen virales sobre la calle, espera con el paraguas en la mano.

Mujer invisible, de algún lugar tomas la pintura, el maquillaje o cualquier elemento que te permite dar color y forma a tu piel, empiezas por tus manos, y luego das textura y fondo al resto de tu cuerpo, pasas de invisible a desnuda y con un entusiasmo que se entiende pleno en tu rostro das la última puntada a uno de tus ojos.

Dios es invisible, ellas como él han imaginado y construido el universo.

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