Resíduos mineros en México, riesgo para la salud

UNAM Liberación de arsénico

  • Las minas de oro, históricas en Baja California Sur, generaron restos depositados a la intemperie.
  • Algunos son de baja peligrosidad y otros, como las cenizas originadas en los hornos, de muy alta, revela estudio del Proyecto Residuos Peligrosos Grupo de Biogeoquímica Ambiental de la FQ de la UNAM

Tras realizar un estudio de toxicidad en lo que fueron las minas de oro de San Antonio y El Triunfo (ambas poblaciones que se fundaron y desarrollaron con base en la actividad minera), en Baja California Sur, universitarios concluyeron que las cenizas representan un alto riesgo para la biota y la salud de los habitantes, debido a la contaminación por arsénico; el resto de los residuos representan un menor peligro, pero recomiendan acciones para su manejo seguro.

Lo anterior se analizó mediante el Proyecto Residuos Peligrosos Grupo de Biogeoquímica Ambiental de la Facultad de Química (FQ), encabezado por Margarita Eugenia Gutiérrez Ruiz, con la colaboración de Francisco Romero, del Instituto de Geología (IGL), en el que participan 15 académicos, como parte de un convenio firmado por ambas instancias con la compañía minera Pitalla S.A. de C.V.

Para esa labor se inventariaron y analizaron 46 depósitos: 40 terreros, un depósito de jales y cinco chimeneas con cenizas. Asimismo, se llevaron a cabo estudios complementarios para determinar el destino del arsénico en el ambiente, pues es el principal contaminante.
Los universitarios llegaron a esa resolución luego de determinar las especies presentes en cada tipo de residuos y suelos contaminados y medir la geodisponibilidad (fracción soluble bajo las condiciones ambientales del sitio) y biodisponibilidad in vitro (fracción de una dosis administrada que alcanza el torrente sanguíneo, a través del tracto gastrointestinal). Además, se analizó la concentración en agua profunda y se determinó el origen natural y/o antropogénico de ese elemento.

Así, se concluyó que el encontrado en el agua del acuífero proviene de dos fuentes: “de los residuos mineros históricos que al intemperizarse lo liberan y de la disolución de las rocas que contienen arsenopirita”.

Al ofrecer la conferencia Destino en el ambiente del arsénico contenido en residuos históricos de minas de oro, en el auditorio Julián Adem Chahín del Centro de Ciencias de la Atmósfera (CCA) de esta casa de estudios, Gutiérrez Ruiz precisó que los resultados del grupo indican que el elemento en el agua con mayor fuerza iónica (salinidad) se libera con mayor rapidez, por lo que la intrusión salina que va en aumento incrementará su concentración en el líquido subterráneo de la zona.

“Se predice que podrían llegar a presentar concentraciones de arsénico disuelto hasta de un miligramo por litro, que corresponde al doble de la cantidad que actualmente se libera”. Es importante detener la explotación de pozos en la línea de costa para evitar el aumento de ese elemento en el agua, dijo.

No quiero oro, ni plata

Los informes a Hernán Cortés de la costa más caliente, seca y tempestuosa del Golfo de California –que él mismo visitó en 1533– precisaban que se trataba de una tierra estéril e improductiva. Sin embargo, en el año 1700, luego de la colonización de los jesuitas, se estableció la primera mina del lugar, a la que denominaron Real de San Antonio. Así inició la explotación que siguió hasta los primeros años del siglo XX, con periodos de inactividad.

Aunque los yacimientos de oro y plata se encuentran en desuso y en abandono desde hace varias décadas, los pobladores consideran el lugar con algún potencial turístico; ahí, viajeros en dirección a San José del Cabo son guiados para conocer lo que antaño fueron dichas tierras, entre suelos y chimeneas contaminadas por arsénico.

Los pobladores están a la espera de la renovación de las actividades mineras por representar la única opción de desarrollo regional, pero desean que se lleven a cabo de manera segura y minimizar los impactos y el riesgo. Como los residuos históricos son potencialmente reutilizables por su contenido de plata, podrían ser tratados y almacenados con seguridad para que no representen un peligro, finalizó la investigadora.