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Bacterias son muy listas: pueden mutar hasta 6 veces al día. En 30 años serán inmunes

  • Ada Yonath es la cuarta mujer en obtener un Premio Nobel de Química, en 2009.
    Ada Yonath es la cuarta mujer en obtener un Premio Nobel de Química, en 2009.

Méx. DF. Al defenderse de los antibióticos, las bacterias evolucionan al grado de producir seis generaciones en un día. De seguir combatiéndolas mal, en 30 años muchas de ellas serán inmunes a nuestros medicamentos, sostuvo Ada Yonath, Premio Nobel de Química 2009 quien dijo que una respuesta a este problema podría ser diseñar un medicamento por cada enfermedad, pero se requiere la unión de todas las empresas farmacéuticas.

Al ofrecer una cátedra extraordinaria en la Facultad de Química de la UNAM,  explicó que esa resistencia de las bacterias es producto del sobreuso de las sustancias para combatirlas, aunada a la respuesta natural de estos organismos que, al verse amenazados de muerte, han alterado su genoma —rápida y eficazmente— “pues, como pasaría con cualquiera de nosotros, ellos también desean vivir.

Para darnos una idea de la rapidez de evolución de estos patógenos, consideremos su potencial para producir seis generaciones en un día —algo que a los humanos tomaría 50 años—. Si los atacamos así, las bacterias morirán y mutarán hasta que una salga indemne y transmita esta característica a su descendencia, explicó.

Ante este escenario, la académica sugirió a las grandes compañías farmacéuticas hacer un frente común, pues de seguir por este camino existe el peligro de que en tres décadas esta capacidad progresiva de soportar medicamentos haga intratables a muchas enfermedades.

Al menos hay un par de alternativas para que los antibióticos ganen en efectividad y en su carrera contra estos seres; en ambas, el estudio del ribosoma tiene un papel crucial, agregó en el marco de las celebraciones por el medio siglo de posgrado en la FQ.

El ribosoma, la clave

“Los ribosomas son complejos supramoleculares universales, encargados de procesar proteínas y funcionan de manera casi idéntica en todas las células, sin importar si son de un microorganismo o de un mamífero”, señaló la también directora del Centro de Estructura Biomolecular Helen & Milton .

“Esta característica hace que poco menos de la mitad de los antibióticos en el mercado busquen interrumpir los procesos vitales de las bacterias mediante adherencia ribosómica, es decir, los medicamentos se ‘anclan’ a puntos concretos de éstas, mientras que ellas han encontrado una estrategia de supervivencia al evolucionar y eliminar estos sitios de amarre. Así se genera la resistencia referida”.

Una forma de combatirla, aunque parcialmente, es administrar sustancias en pares a fin de obtener mayores posibilidades de “anclaje”. De hecho, Yonath y su equipo han colaborado con investigadores de las universidades de Illinois e Hiroshima para aprovechar la sinergia de los medicamentos lankacidin y lankamycin.

No obstante, uno de los problemas de los antibióticos es que no son selectivos, pues además de eliminar patógenos arrasan con parte importante del microbioma humano (microbios benéficos presentes en nuestros cuerpos y esenciales en nuestra salud).

Por ello, la Nobel ha replanteado su apuesta: ahora sostiene que la respuesta es diseñar un medicamento por enfermedad. “Como señalamos al inicio con el ejemplo de los clips, en la naturaleza, estructura es función y si encontramos la correcta, podríamos desarrollar un fármaco para cada mal, lo que además de potenciar su efectividad, disminuiría su agresividad contra la microbiota”.

Al iniciar mis indagaciones mi meta era minimizar o eliminar totalmente la resistencia bacterial, pero esto resultó insuficiente. No me malentiendan, aún persigo lo mismo, pero ahora el reto es lograrlo, pero sin sacrificar la flora microbiana natural. De conseguirlo, detonaremos una revolución para este campo, concluyó.

“La naturaleza funciona bajo un principio: estructura es función”, señaló la cristalógrafa para luego mostrar imágenes de clips nuevos, en impecable forma de pinza, junto a otros doblados caprichosamente. “Los primeros sirven para mantener los papeles ordenados; los segundos, no de mucho. Lo mismo se aplica en el diseño de fármacos”, dijo.

Con esta metáfora, la cuarta mujer en obtener un Premio Nobel de Química (2009) explicó qué hay detrás de uno de los problemas más severos que enfrenta la medicina moderna: la cada vez más notoria resistencia bacteriana a los antibióticos.