Además de los Spots, ¿cuántas técnicas de guerra electoral existen?

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8 de Abril.- Nos quieren vender la idea de que sólo existe guerra sucia electoral cuando un Partido Político saca propaganda contra otro. Eso es minimizar los hechos. El pleito de los spots es un frente de batalla más, pero no el único. Las estrategias de guerra sucia son variadas: veamos

Además de los spots, la guerra electoral se presenta de formas menos escandalosas pero, en ocasiones, más eficientes en sus perversos objetivos.  Por ejemplo, la mugre al momento de diseñar las leyes electorales. Este frente de batalla es uno de los más perversos. Se trata de crear una ley no para favorecer la racionalidad del voto de los ciudadanos y equilibrar la contienda entre candidatos. Sino una legislación para darle beneficio a un Partido.

En este tipo de guerra, silenciosa pero más efectiva, el partido Gobernante de una entidad federativa o del país, mueve “favores” entre los legisladores de todos los partidos y obtiene una legislación a modo. En este momento podríamos encontrar varios ejemplos en los diversos estados de la República en donde el gobernador ordenó al Congreso tomar medidas legislativas que favorecen a su partido.

Cuando llega el momento de aplicar la injusta legislación (casi siempre durante una sesión del consejo electoral en turno) los representantes de partido dicen estar agraviados por la ley, expresan su inconformidad, pero acaban diciendo una frase clásica para estos casos: la ley es injusta, pero es la ley. Habrá que reformarla.

Además, la redacción de la ley mexicana es, de manera intencional, una de las más confusas del mundo. Esto no es casualidad o falta de conocimiento. La ley electoral mexicana se diseña confusa para confundir. En los últimos quinces años a los ciudadanos mexicanos se nos ha engañado con la patraña de que para entender la ley electoral se requiere ser doctorado. Buscan supuestos académicos llenos de títulos y ponen como requisito para ser autoridad electoral ser egresado de quién sabe qué institución.

¿Desde cuándo, pregunto, para entender una ley electoral se requiere ser especialista? ¿Desde cuándo se necesita doctorado para contar unos votos y decir cuál candidato tiene más que otro?

Queda claro: la confusa redacción de la ley electoral, la seudointerpretación de los “especialistas con gran currículo académico” y los interminables debates que la ciudadanía no entiende, sólo tienen como propósito preparar un terreno de confusión donde el fraude sea posible. La mala redacción de la ley es un frente de batalla de la Guerra Sucia,  sólo que aquí el afectado es el ciudadano.

Otro frente de batalla es el nombramiento de las autoridades electorales en todos sus niveles. El partido en el poder busca tener consejeros electorales a modo. A su vez, esos consejeros electorales diseñan una estructura propartidista que afecta las direcciones de los órganos electorales y llega, incluso, hasta el nombramiento de las autoridades de casilla. En el ambiente electoral se dice que las elecciones no las gana quien tiene más votos, sino quien los cuenta mejor.

Además, el nombramiento a modo de los magistrados electorales permite al manipulador darse una última ventaja: modificar la ley en medio de juicio. En efecto, los magistrados electorales en México tienen la posibilidad de interpretar y modificar la ley. Y cuando un magistrado interpreta la ley, pues todo se vale. Máxime si por vía telefónica alguien le dice cómo interpretarla.

Si un partido tiene la ley y la autoridad electoral a modo, el siguiente paso es usar esta ventaja para inclinar el uso de los recursos gubernamentales para incidir en el voto.

Desde los Congresos Locales se llegan a aprobar programas de gobierno que pueden seguir siendo usados durante las elecciones. Los Consejeros electorales a modo se hacen de la vista gorda y dicen que no pueden ir contra la ley. Los representantes de partido, en una clásica oposición de bajo perfil, protestan pero sólo para la foto.

El menú de frentes de batalla de la Guerra Sucia es múltiple.

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