Cultura

El estudio del artista podría ser un basurero tóxico

2015 04 13 Painting 214Que pintores, fotógrafos y escultores sepan manejar los desechos de su labor creativa es relevante tanto por seguridad como por razones ecológicas, establecieron expertos reunidos en la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM para impartir la charla Manejo de residuos peligrosos en las artes plásticas.

Mireya Ímaz Gispert, coordinadora de la iniciativa medioambiental, detalló que se registraron restantes tóxicos, inflamables, ácidos o corrosivos en estopas, lienzos, textiles, frascos, sobres y contenedores.

Por ello, a partir de marzo y hasta septiembre, se capacitará a los responsables de los diferentes talleres de la FAD en el manejo de materiales, se impulsará un registro de adquisición de sustancias y se fomentará el uso de equipo y ropa de protección como lentes, botas, guantes, pantallas y mascarillas.

Además, se creará conciencia sobre algunas medidas básicas como no mezclar remanentes ni arrojarlos al drenaje, así como identificar y registrar en bitácoras los restos generados, envasar por separado, etiquetar, contar con un almacén temporal y disponer de los desechos mediante campañas autorizadas por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

A la fecha, el PUMA ha evaluado 48 entidades en CU, siete en el campus Morelos, seis en Juriquilla, cinco en colegios de Ciencias y Humanidades, 19 en planteles del Sistema Incorporado y nueve en escuelas del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Entornos peligrosos

Eduardo Chávez Silva, miembro de la Junta de Gobierno y exdirector de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (hoy FAD), refirió que hasta hace poco los artistas creaban rodeados de elementos peligrosos e incluso dormían, comían, bebían y fumaban en estos lugares, lo que propició contagios y enfermedades.

“La intoxicación por inhalación de vapores, la irritación de ojos y alteraciones respiratorias por usar disolventes para limpiar las manos eran frecuentes”, dijo.

Al respecto, Mirna Rosa Estrada Yáñez, del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM), expuso que las afecciones referidas se presentaban —y aún se dan— por manipular sustancias sin estar conscientes del riesgo.

Alfredo Martínez Pérez, del Centro Nacional de las Artes (Cenart), aseguró que existe la noción de que las creaciones electrónicas y digitales, por su carácter virtual, no originan sobrantes. No obstante, la tecnología, al ser desechada, representa una amenaza, pues libera al ambiente componentes nocivos como plomo, níquel y cadmio.

“La generación de chatarra sobrepasa la capacidad para manejarla de forma correcta y tomará al menos una década lograrlo, lapso en el que, se calcula, se habrán registrado cinco extinciones masivas de equipo”.

La infraestructura de almacenamiento de información se vuelve obsoleta de un momento a otro y los usuarios la compran y tiran sin reparar en los costos energéticos y ambientales de su fabricación ni en lo que contaminará al llegar al basurero.

A nivel global, se producen 50 millones de toneladas métricas de basura electrónica al año —México aporta 941 mil, según el INEGI— y se prevé que la cifra aumente 33 por ciento en un bienio.