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La candidatura del PAN al Gobierno del Estado de México. 3 Precandidatos

 

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Por Edmundo Cancino. Respetar las reglas legales y políticas del Partido Acción Nacional en el Estado de México implica, por adelantado, perder la elección de gobernador mexiquense. Por donde le vean,  la norma legal y el sistema de consenso político de esa organización conduce a la derrota. Lo hemos de demostrar en este y en subsecuentes artículos. Por ello, quien deseé ser un candidato a gobernador por el PAN deberá dejar de hacer todo lo que sus antecesores han realizado y comenzar a trabajar sobre un nuevo modelo político.

En primer lugar, debe tirar a la basura esa mentalidad mediocre de que nadie le puede ganar al PRI en el Estado de México.  El primer enemigo a vencer no está afuera, sino en la mente de los propios panistas.

Además de la actitud psicológica, un candidato a gobernador del PAN no debe creer en la posibilidad de alentar una política de consenso al interior de su partido. Por diversas circunstancias, el partido está diseñado para dificultar y hasta hacer imposible el consenso de una candidatura. Y si la llegan a consensuar, la candidatura estará lista un día antes de la elección y no servirá para nada. La candidatura se debe perfilar hoy. Y no con las reglas internas, sino con las reglas que el candidato imponga.

Y es que el sistema de acuerdos del PAN en el Estado de México está intervenido tanto por el priísmo mexiquense como por el panismo nacional. Porque tanto el PRI del Estado de México como el PAN nacional no quieren que dentro del territorio mexiquense se construya una fuerza política que los ponga en jaque. Al panismo mexiquense no sólo le tiene miedo el Grupo Atlacomulco, también lo miran con muchos recelos los panistas de otros estados.

El PRI con su capacidad de infiltrar ( no soy inocente para criticarlo por eso, está en lo suyo) ha podido conseguir que el PAN del Estado de México se pulverice en una serie de grupos cuyo consenso es imposible.

Los panistas están tan preocupados en la disputa interna, que se les olvida la disputa externa. Véalos: en éste momento están pensando en quién será el próximo presidente nacional del PAN o quién será el próximo presidente estatal de esa organización. Es decir, están metidos en la política de las medias tintas.

Lo que cuenta es ganar el poder político para gobernar. ¿Desde cuándo, pregunto, para ganar el poder un candidato requiere del respaldo de su presidente nacional o de su presidente estatal? Un buen candidato no obedece presidentes de organismos, los arrastra a la batalla, los obliga a ir al campo de guerra.  Nunca un buen presidente de partido va a ser mejor que un buen candidato. El día que eso suceda estamos frente a un partido destinado a perder. A un buen candidato nadie lo avienta o lo pone. Un buen candidato jala y arrastra a todos. Esa es la regla del triunfo. No hay otra.

Otra preocupación. Una buena candidatura a gobernador no debe depender del proceso de elección del presidente nacional del PAN. La clase política mexiquense del partido azul ha sido muy limitada en sus ambiciones. No es posible que siendo el Estado con mayor aporte de votos al PAN, ningún mexiquense figure como aspirante a la presidencia de la República, a la lucha por el liderazgo del Congreso o, ya de jodido, a la presidencia nacional del PAN. La falta de esa ambición no es gratuita: les han mediatizado la mente.

Otra cosa que se debe quitar un aspirante panista a la gubernatura del Estado de México es andar en comiditas y desayunos para diseñar escenarios o hacer acuerdos. Eso es perder el tiempo. Cuando se habla del futuro el único escenario que cabe en la mente de un político es el deseo de ganar.

Dentro del PAN se han creado especialistas en crear escenarios, perfilar deseos y hacer grandes planes para explicar por qué no se va a ganar la gubernatura. Llegado ese momento, la conclusión es encontrar un baboso de afuera que pierda con dignidad. ¿Dónde está aquel viejo dicho azul de que para participar en política se debe tener altura de miras?

El único escenario es que desde finales del siglo pasado existe un voto antipriísta superior al sesenta por ciento.  Si el PRI lo pulveriza, insisto, está en lo suyo, pero que la oposición se deje es mediocridad. Por eso quien haga escenarios y diga grandes discursos para justificar derrotas una de dos: o es imbécil o está vendido. Lo imbécil no se le va a quitar y lo vendido menos.

No me hagan perder el tiempo dando nombres y detalles de cuántos personajes del PAN se han dedicado todo el día a justificar por qué no han sido capaces de construir una candidatura sólida al gobierno del Estado de México. Ocuparnos de ellos es hacerles el juego y olvidarse de lo fundamental: la elección para gobernador del Estado de México ya empezó. Por eso, insisto, lo primero que se requiere es quitarle la mentalidad perdedora. No se puede competir sabiendo que no se puede ganar.

Tampoco se debe hacer caso al discurso de que no son los tiempos, o, peor, primero el programa y después el hombre: “Vamos con calma”. ¿Con calma de qué?, si el tren ya está caminando. Se debe construir primero la candidatura y la candidatura debe arrastrar al partido. No hay otro modo. Si se logra quitar todo el lastre que he narrado, entonces se puede dar el paso siguiente.

Soltado el rollo anterior vamos a la carnita. Como observador político vislumbro varias maneras para construir una candidatura sólida del PAN a la gubernatura del Estado de México. Veo a tres personajes que pueden dar al ancho, siempre y cuando desde ahora construyan su proyecto con esas miras. Esos personajes son los presidentes municipales ganadores de Huixquilucan, Naucalpan y Atizapán de Zaragoza.

A dos de ellos, queriéndoles romper la boca con demandas, el PRI los está ayudando a convertirse en figuras nacionales. En la siguiente entrega daré detalles de por qué, cómo y de qué manera se pueden volver estos tres personajes figuras no sólo estatales sino nacionales. Diré por qué sostengo que tienen lo necesario para ser candidatos a gobernador del Estado de México con altas probabilidades de ganar.

Sólo quiero terminar con las siguientes reflexiones: si su altura de miras llega nada más a la presidencia municipal pues ahí los dejo y que Dios los ampare. Ya los he de ver dentro de seis años mendingando un puesto en su partido o denunciado a sus propios compañeros en estériles demandas internas. Ya estoy harto de ver cómo gente que pudo ser grande como alcalde, el PRI los acaba convirtiendo  en barrenderos  de su municipio, dotadores de cubetas de agua, administradores de congestionamientos vehiculares o responsables de las idioteces que cometan sus policías. Sí, se requieren alcaldes en serio, pero eso hoy día no basta.

A mí me tocó ver cómo el PAN del Estado de México ganaba su primera regiduría o su primera alcaldía. Fue una fiesta. Valía la pena festejarlo. Fue un gran triunfo. Se le había ponchado la llanta al carro completo. Hoy, ganar un municipio grande es una película que ya vi: termina con un exalcalde dando lástima. Eso es lo que se debe cambiar y el único modo es haciendo que los alcaldes vean más allá de su administración y de su territorio.

Estar atentos a nuestras siguientes entregas. Además del PAN, se tocará el tema del PRD, MORENA, PRI, el PES, el PT, MC y, como bien dijo un lector, la interesante figura del candidato independiente que va a jugar un papel especial en esta elección. Columna Cuentos y Cuentas. Escribe Edmundo Cancino

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