Nacional Opinión

Aprovechando la moda del Chapo, ¿qué tal si debatimos sobre legalizar las drogas y quién fue el ingeniero que hizo el túnel?

Editorial de Lector24.- La responsabilidad del presidente Enrique Peña Nieto y  su gabinete sobre la terrible crisis de inseguridad que se vive en México es indiscutible y, como él mismo dice, “imperdonable”. Pero dejar las cosas ahí es mantener el análisis crítico en el entarimado. Necesitamos bajar del teatro policíaco el tema del Chapo. Requerimos hacer objetivo el debate en torno a la producción, comercialización, consumo y consecuencias sociales de las drogas.

La eficiencia del crimen organizado se nota más ante la ineficiencia del gobierno de Enrique Peña Nieto. Es verdad. Pero tenemos la sensación de que un gobierno eficiente y racional tendría también enormes dificultades para frenar el problema del crimen organizado. Una parte de la solución, cierto, es  pedir mejores cárceles, gobiernos sin corruptos y chapos que no se escapen. Pero eso no basta. Pensamos que la sociedad mexicana y su clase política no estamos enfrentando el tema del crimen organizado partiendo de sus causas. Estamos viendo los efectos, pero no la raíz del problema.

Si usamos la inteligencia existe otro modo de ver las cosas. A nosotros, por ejemplo, sí nos llama la atención que un delincuente se escape por un túnel. Está bien, es noticioso que el Chapo se escape y que los policías sean babosos. Pero ya chole con el tema. A nosotros, en Lector24, se nos hace más atractiva la creatividad del ingeniero que diseñó el túnel. Nos parece más novedoso que un hombre tan inteligente no sea aprovechado por la sociedad y termine haciendo obras para sacar de la cárcel a un preso más. ¿Qué pasó ahí? ¿Qué universidad lo formó y quién fue el imbécil que no lo contrató? ¿ Por qué nuestra inteligencia acaba al servicio de lo más corriente? Ese es el error social de fondo.

Entrevistar al Chapo es cosa menor: sólo es un tipo de mentalidad barata que corrompe a otros tipos de mentalidad más barata. A nosotros nos gustaría entrevistar al ingeniero que hizo el túnel y saber cómo planeó algo tan perfecto. Porque para nosotros no es la gran noticia que un delincuente se salga por un túnel, lo interesante es cómo y quién hizo ese túnel. El Chapo no se escapó, la ciencia y la técnica de la ingeniería fue la que lo sacó de ahí.

Miren, la verdad es que es noticiosa la fuga del Chapo. Pero se las ponemos de este modo: hacer un túnel de kilómetro y medio, a 20 metros bajo tierra y salir exacto en la regadera del Chapo: esa es para nosotros la noticia.  Pero bueno, vamos al tema de las drogas.

Debemos discutir la viabilidad de legalizar las drogas en México. Estamos seguros que el debate sobre la legalización de las drogas nos dará una pista más clara sobre cómo se combate el narcotráfico.

Como cualquier producto, las drogas en México están vinculadas a tres etapas: su producción, su comercialización y su consumo. Las tres etapas son consideradas ilegales por la legislación mexicana. Es un delito producir, comercialización y consumir.

El sistema de castigo no ha servido. Entre más punitiva se vuelve la ley, más crece la organización del sistema que alienta la ilegalidad. La organización del delito ha rebasado la organización del Estado Mexicano. Ni la amenaza de cárcel, ni la amenaza de muerte frenan al crimen. El gobierno se encuentra absolutamente infiltrado. No digo que todos, pero a cada momento nos encontramos a gobernantes, policías y custodios inmiscuidos con el crimen. Los que quieren obrar de buena fe son superados por quienes obran como delincuentes.

El crecimiento del crimen alrededor de las drogas ha producido el crecimiento del crimen alrededor del secuestro, el robo y el chantaje. Esta situación ha terminado por afectar la inversión pública. Cada día se gasta más en seguridad de las empresas y no alcanza. Cada día más capital sale del país por la inseguridad. Cada día, menos capital viene al país por la inseguridad. La cadena perversa no se frena.

El problema de las drogas no es un asunto de policías, es un asunto de ciudadanos. Detener bien al Chapo no basta. No dejarlo escapar de la cárcel no es suficiente. Este tragicómico delincuente puede tener la habilidad de escaparse al estilo Houdini. Pero eso sólo es basura y escenografía barata. Si las cárceles funcionaran para retenerlo, entonces afuera de las cárceles se crearían nuevos chapos, nuevos señores de los cielos.

No podemos quedarnos en la cáscara del análisis o en el entarimado. Necesitamos hacer algo más a fondo. Se requiere debatir públicamente sobre el proceso de criminalización de la producción, la comercialización y el consumo de las drogas. Debemos analizar con mucha seriedad la posibilidad de legalizarla. Debemos sopesar los pros y las contras de seguir manteniendo estas actividades como criminales. Y también debemos estudiar los pros y las contras de legalizar todas las etapas relacionadas con la producción, la comercialización y el consumo de drogas.

Pareciera que el mejor modo de vencer a este enemigo es quitándole el control de la producción y el comercio.

La mejor manera de ayudar a nuestra sociedad es analizar las causas que provocan el consumo de drogas. No podemos considerar a la ligera que decenas de miles de mexicanos estén en el mercado de las drogas. Debemos conducir el consumo y darle viabilidad. Que nuestro consumidor no caiga en manos de criminales ni se convierta en uno más. Que nuestros consumidor reciba el apoyo necesario para consumirla sin afectarse asimismo y sin dañar a los demás. Se puede, no es difícil. Los consumidores, en la mayoría, son la buena onda. Pero para su desgracia en la obtención del producto se ligan con criminales que la producen y la comercializan, o con policías que los chantajean.

Un debate de esta naturaleza no se debe quedar en quién produce, quien comercializa y quién consume. Es necesario tomar en cuenta a quienes no consumen drogas que es la gran mayoría de los mexicanos. Cómo lograr que la legalización no implique el aliento al consumo.

Esas son las respuestas que se debe buscar en un amplio debate.

Por favor no me salgan con que a través de este artículo le estamos dando salida política a Enrique Peña. Podemos pedir su renuncia o dejar que termine su administración en medio de más vergüenzas. Lo que no queremos es que por el hecho merecido de destrozar lo que le queda de credibilidad, olvidemos como sociedad que el problema va  más a fondo. Como sociedad debemos buscar mejor gobernabilidad y eso pasa por gobernantes más eficientes, pero también por leyes que nos sirvan para enfrentar los problemas que hoy sufrimos.