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Atisbo a la India III, Tierra desacostumbrada de Jhumpa Lahiri

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

Cuando las cosas no tienen un nombre común a nuestro lenguaje, optamos por renombrarlas o, en el peor de los casos, ignorarlas y olvidarlas. La maestra del kindergarden de Rhode Island decidió llamar Jhumpa a la londinense Nilanjana Sudeshna Lahiri. El cariñoso sobrenombre “Jhumpa” era la forma más sencilla para la maestra de simplificar el extraño idioma y lo que ello implica.  Así nos pasa con todas las sagas que no son occidentales, desde los complicados nombres escandinavos hasta los de la Europa Oriental, Rusia, los países orientales y todo el mundo musulmán. Hoy Jhumpa Lahiri es una de las voces consolidadas dentro de la literatura que se produce en lengua inglesa. La joven y guapa escritora, casada con un guatemalteco, es ahora docente de Princeton, es miembro del comité de Artes y Humanidades elegido por Barack Obama, ganó del Pulitzer por El buen nombre y fue nominada al Man Booker y al National Book Award por La hondonada, entre muchos otros galardones más.

En el caso de Tierra desacostumbrada tenemos un abanico de personajes que fusionan el sentido de pertenencia familiar y cultural de la patria hindú con el de sus vecinos “pudientes”: blancos, protestantes, norteamericanos, si acaso algún latino.

La escritura de Lahiri es pausada y entreteje con paciencia no sólo las situaciones, los caracteres de los personajes y su respectivas voces, sino ese ligero sopor metafísico que sufren los hijos de los migrantes hindúes para adaptarse a otra cultura, fuera del seno familiar y de ese refugio para la identidad: la casa. En el caso de Tierra desacostumbrada tenemos un abanico de personajes que fusionan el sentido de pertenencia familiar y cultural de la patria hindú con el de sus vecinos “pudientes”: blancos, protestantes, norteamericanos, si acaso algún latino. El contexto es bastante afable en ese ámbito socioeconómico, pues no existe la violencia del rechazo frontal como el que sufren nuestros mojados; pero aflora los confrontaciones de ese milenario sistema de casas hindú: “Navin era lo que sus padres denominaban un ´no bengalí´, es decir, alguien de cualquier provincia de la India que no fuese de Bengala Occidental. Sus padres eran hindupunjabies que vivían en Calcuta, y Navin había ido a Estados Unidos para obtener el doctorado” (p.312).

Con las historias de Lahiri estamos ante el presente más próximo de nuestro siglo: el sincretismo, la fusión de los migrantes en esa nueva cultura que se llama mestizaje, no sólo en Europa ni en Norteamérica, sino en todo el mundo. Su caso es similar al bilingüismo del dominicano-neoyorkino Junot Diaz, pero también al de la literatura en inglés de Nabokov. Probablemente el flujo de información de la actualidad nos ha puesto este mestizaje en la mesa de centro de la “alta cultura”.

Jhumpa Lahiri, Tierra desacostumbrada, Ed. Salamandra, Barcelona, 2008 [2012]

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