Opinión

Los hijos: ¿Pan de Dios o tortilla dura?

Por Cheque Santana.

30 de Septiembre de 2015. El momento de la concepción es un embrollo. Puede estar hecho de amor, de lujuria, de estupidez, de rencor o de violencia. El nacimiento es más directo: un parto, una labor, un antes y un después, un mar de dolor, de sangre y de esperanza. Un torrente de hormonas le dicen al cuerpo de la mujer que es hora de partirse. El cérvix, antes un delicado canal de apenas 2 cm se dilata hasta tener el tamaño de una toronja. Después viene la aflicción, el pujar, el cuerpo susurrando a gritos: ¡Hora de dejar ir! Desde ese momento, la vida lo tiene claro: la que se te viene.

Viendo lo visto ¿Tener hijos es más deprimente que separarse? ¿Peor que quedar en el desempleo? ¿Más agotador que ver el informe presidencial completo? El mes pasado se publicó un estudio científico que trata sobre la alarmente disminución de población en Alemania (No es ironía) Algunos artículistas basados en éste deducen que tener un hijo es lo peor que te pude pasar. ¿Pero realmente dice eso el estudio científico? Para saberlo leí la obra de Rachel Margolis y Mikko Myrskylä (realizado para el Instituto Max Planck de investigación demográfica) y encontré que el león no es tan feroz aunque tampoco tan tierno.

Primero hay que aclarar que el tratado es sobre los alemanes y sus conclusiones sólo son aplicables a ellos. Nación extraña, la mayoría de ellos declaran querer tener dos hijos pero tienen 1.4. Cada vez hay menos alemanes y son más viejos. ¿Porqué la dicotomía? El lío son las expectativas. Los nuevos padres no saben qué sigue. Algunos esperan un alud de bendiciones, maravillas y alegrías. Y después resulta que no, que es trabajo duro. Otros que tener hijos sea como formarse en la fila de banco detrás de una anciana con morralla. Pero tampoco es el caso: tiene sus maravillas. Veamos.

Metodología del estudio y catálogo del terror.

child-817373_1280Se estudió si los alemanes eran felices o no (subjetivamente, claro) en el periodo comprendido entre 3 años antes de tener un hijo y 2 años después. Se excluyó a quienes tuvieron gemelos (triates, cuates, etc.) y a los niños adoptados. Quitados estos, la muestra incluyó a 2,016 personas, de las cuales el 58% tuvo un segundo hijo (lo que ya da una pista de que a la mayoría no les cayó tan mal tener un primero).

A éstos se les preguntó una vez al año:  ¿Qué tan satisfecho estás con tu vida, todos los aspectos considerados? Se marcó la respuesta entre un 0 y un 10. Y con esta pregunta intentaron saber si existe relación entre lo que ocurre en esos tres años claves y la decisión de tener un segundo hijo. Es importante decir que no les preguntaron si los hijos les hacían felices o no, si disfrutaban tenerlos o no, etc. porque los estudiosos consideraron que de preguntarles eso, los padres mentirían (Si esa suposición es o no correcta es motivo de ulterior reflexión).

Después se hicieron los relevos australianos y se enfrentaron viejos contra jóvenes, ricos contra pobres, mujeres contra hombres e inmigrantes contra nacidos en Alemania.

Hechas las respuestas, las experiencias negativas de los padres se pueden clasificar en:

  • Dificultad para tener hijos y malas experiencias durante el embarazo.
  • Partos largos o complicaciones con cesárea
  • La experiencia de cuidar al bebé durante el primer año, especialmente para aquellos que no sabían cómo hacerlo y tenían poco apoyo.

Luego, revueltos con estos, están los desvelos, el dar pecho, la depresión, el aislamiento doméstico y el que termine la relación. No hay clasificación de las experiencias positivas, por cierto (¿A quién le importa saber si “Mi nene es un cuchurrumín pechiocho hermoso y cachetón”?, quiero suponer)

Entonces los niños son una pesadilla ¿sí o no?

baby-772453_1280Primero, la satisfacción de los alemanes de 3 a 5 años antes de que nazca el nene es alta: un promedio de 7.4. Esta incrementa en los años previo y posterior al parto y después baja. El estudio también aclara que quienes tienen dos hijos poseen un nivel más alto de “línea base de satisfacción de vida” (me queda tan claro como a usted, amable lector) que los que se quedan en 1.

Perogrullo: los que tuvieron dos hijos fue porque se sintieron más satisfechos después del primero y los que no tuvieron más fue porque sufrieron al primero.

Los que tuvieron dos eran en su mayoría jóvenes, con pareja estable, inmigrantes y de Alemania del Oeste. Para elegir un segundo hijo, el género, la educación, el estatus laboral y los ingresos no importan.

Sufrir al primer hijo no cambia mucho las cosas. El estudio simuló el promedio de hijos de los alemanes si en vez de sufrir al primer hijo hubieran estado en una montaña rusa de diversión. El resultado 0.05 niños más por pareja. Si todos los padres alemanes fueran felices, el promedio de nacimientos hubiera subido de 1.4 a 1.45.

La felicidad o infelicidad antes del primer nacimiento no impactó en la decisión de tener más hijos, pero lo que sucedió después sí. Aunque las diferencias no son brutales. Del total de las personas “infelices” el 50% tuvo un segundo hijo. Contra un 60% de las personas “felices”. Una diferencia del 10%.

Los factores que más influyen en el sufrimiento paternal son: ser mujer, tener poco dinero, poca educación y estar desempleado. Pero estos factores afectan de forma distinta la decisión de tener otro chamaco: El género no importa. La educación sí: las personas educadas y las que sufrieron más con el primer nene tendrán menos posibilidades de querer otro. Finalmente, si pasas de 30 y lo pasaste mal con el primer hijo –y eres alemán- quizás no quieras un segundo.

Como dato curioso, hay menos infelicidad al tener una hija que un hijo, aunque en ningún caso afecta la decisión de tener un segundo.

Para discutir en la mesa del café.

  1. En los países de primer mundo la fertilidad está por debajo de los niveles de reemplazo. Es decir, cada vez hay menos gente de primer mundo y de seguir la tendencia, inevitablemente desaparecerán ¿Porqué pasa esto? Según el estudio, las respuestas que otros estudios han dado son: El posponer la fertilidad (padres cada vez más viejos), el alto costo de tener un hijo y el no tener pareja (porque no quieren).
  2. Sufrir al primer hijo no cambia mucho las cosas. El estudio simuló el promedio de hijos de los alemanes si en vez de sufrir al primer hijo hubieran estado en una montaña rusa de diversión. El resultado 0.05 niños más por pareja. Si todos los padres alemanes fueran felices, el promedio de nacimientos hubiera subido de 1.4 a 1.45.
  3. La insatisfacción afecta más a los más educados y más ricos. Suponen que esto es porque: las personas ricas están en carreras donde tener hijos es malo (workaholics), porque a más educación disfrutarás menos las tareas paternales sencillas como dar biberón y mecer al nene, porque los más ricos disfrutan menos tener que trabajar en casa y, por último, tener un hijo es mucho más trabajo de lo que esperaban (una friega, pues).
  4. La primera experiencia paternal tiene un efecto ambigüo en los estratos sociales. Una mala experiencia afecta a los más ricos y a los más pobres; a los más viejos y a los más jóvenes. Los más ricos porque trabajan muchas horas extras y la relación hogar-trabajo les perjudica. Los más pobres porque no pueden permitirse faltar al trabajo, pues no les alcanza para vivir.

Limitaciones del análisis.

Según el propio estudio, no el que escribe:

Primero. No da información sobre porqué es difícil la paternidad. Factores como la dificultad del parto, el cansancio durante el primer año, los problemas de la relación, el que los años no te dejen tener hijos, etc. no están disponibles en el estudio por basarse en una encuesta anual sin preguntas específicas.

Segundo. No hay forma de saber si la decisión de tener un segundo hijo tiene que ver con las dificultades del primer año o si ese era el plan original.

Tercero. Nuestro análisis se basa en datos anules. No sabemos qué ocurre dentro del intervalo: el transcurrir de los días, semanas y meses, el cambio de sensaciones en esos periodos.

Cuarto. No sabemos nada sobre otros factores que pudieron influir en la infelicidad, que sean distintos de tener un hijo. Desempleo, divorcio, enfermedad, etc. Ni idea si sucedieron

Quinto. Sólo estudiamos los factores de género, edad y educación y su efecto en la decisión de tener otro hijo. Pero hay otros importantes, como el orden en que nacieron, si tienen hermanos menores o mayores y el acceso a seguro médico o de cuidado del bebé.

Muchas más otras cosas se enconden entre las líneas del tratado. Si usted, amable lector, está por tomar la decisión de tener un chamaco, le invito a que lo lea con cuidado. Puede ahorrorse muchos dolores o perderse de una gran felicidad. Quién sabe.

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