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Los invisibles hilos del destino

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

El augurio implícito en una mariposa nocturna (son mal agüero los ratones viejos, dicen en mi barrio), la secreta conversación de un río con los caminos y campos que irriga, la intangible conexión de dos gemelos y, sobre todo, los comportamientos heredados a través de la palabra, la devoción y el influjo cultural dominante del padre hacia los hijos, así como la sumisión contenida en el silencio y el acatamiento de la madre, todos, son hilos invisibles del destino. O lo que la guapa escritora hindú Arundhati Roy evoca y concluye en su única novela, la maravillosa El dios de las pequeñas cosas. Y es que lo sabemos bien, en los detalles está el Diablo.

Ganadora del Premio Booker de 1997, publicada por una casa editorial tan prestigiada como Harper Collins y con un éxito desaforado, la novela de Arundhati Roy no sólo la llevó a la cumbre de la fama, también la colocó como una voz tan febril y atractiva como la de Gabriel García Márquez, y le adjudicó el epíteto de “realismo mágico poscolonial”. En otros casos se le vaticinó como la renovadora de las letras hindúes llamada a sustituir el boom de Salman Rushdie.

Más allá del ardid publicitario, El dios de las pequeñas cosas narra una historia entrañable de dos gemelos que aprenden a sobrevivir y a sobrevivirse en el ambiente pueblerino de Kerala, entre los destellos de comunismo, el insoportable y persistente sistema de castas—como en el caso de las tres novelas anteriores de esta columna—, sólo que la rispidez emocional de los protagonistas se acelera con la intromisión de las ideas cristianas confrontadas no sólo por la realidad —que ya con eso tienen suficiente— sino también con las otras religiones dentro de la India.

La prosa de Roy añade los modismos de Kerala a la menor provocación, uno de sus aciertos para los lectores nativos del inglés; para quienes llegamos vía la traducción, descubrimos un sabor a deleite y a poesía, aun cuando la escena sea siniestra, trágica, obscena, grotesca o terrible:

El mar era negro. La espuma, de color verde vómito.

Los peces se alimentaban de vidrios rotos.

Los codos de la noche se apoyaban sobre el agua, y las estrellas fugaces rebotaban en ella y se disolvían en miríadas de fragmentos.

Las mariposas nocturnas iluminaban el cielo. No había luna” (252)

Arundhati Roy dejó la ficción para convertirse en una de las voces más resonantes del activismo mundial y de aquello que en algún momento se llamó “alterglobalización”, donde ha logrado hacer escuchar su voz. Ojalá algún día nos regale otra novela.

Arundhati Roy, El dios de las pequeñas cosas, Barcelona, Anagrama, 1998 [2012]

@heberquijano

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