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Los entresijos del Nobel

2015 09 10 Atril de lupas Logo

Por Heber Quijano

Los premios Nobel son un suceso mundial, en específico el de Literatura y el de la Paz. El segundo es mucho más polémico que el primero. Y para cuando ustedes lean esto muy probablemente ya se sepa su ganador. El Nobel de Literatura, por su parte, es un desfile mediático. Hay casa de apuestas pendientes, corresponsales especializados, especuladores de las editoriales haciendo puja y acechando a los agentes literarios y millones de lectores en el mundo listos para enarbolar con orgullo a un autor que ya han leído o en busca del libro del nuevo ganador. Hasta ahí todo parece normal. Pero hay mucho más en juego.
El carácter secreto, casi cónclave de la Academia Sueca, despierta mucha expectativa, puesto que no hay nunca listas sobre los candidatos. Eso les permite atizar su fuete de beneplácitos a muchos sectores y ámbitos, todos implícitos en su decisión final. Por ejemplo: galardonar un escritor con una ideología, de un idioma y/o país, o con una temática precisas. Otorgar un Nobel de Literatura se convierte en toda una declaración de principios, y la mayoría de las veces así se puede interpretar tal reconocimiento. Pueden darse una vuelta a lo que opina Marta Bausells en The Guardian, que es revelador
No he leído a Svetlana Alexievich, así que no puedo decir si estuvo bien o mal reconocerla con el Nobel. Había muchos escritores maravillosos que sí he leído, y que seguiré leyendo, entre los candidatos que me hubiera gustado que ganaran. Sin embargo, qué bueno que el Nobel ahora hará que las obras de la bielorrusa se traduzcan y publiciten más. Su obra —dicen los periodistas de El País y New York Times— tiene constantes: relatar la caída de la utopía soviética —y por ende, de ese socialismo—, recriminar el régimen autoritario, dar voz a los damnificados y dejar que hablen los protagonistas, por citar lo más evidente. Bienvenida a mi librero, más si es cierto que es “tan buena como Shakespeare”.
No obstante, también podemos leer desde otro perfil: se reconoce, como dice Guillermo Altares de El País, “el triunfo de la No Ficción” —ya sea el reportaje, la crónica, el ensayo, las memorias—, por ende, al periodismo; se reconoce una voz disidente de un país periférico de la Gran Europa, aunque occidental, es decir, ni oriental, ni árabe, ni africano; se reconoce al género femenino. Y en ese mismo perfil se aumenta un año de no triunfo a los escritores norteamericanos, que vaya que literariamente lo merecen (Roth, Auster, DeLillo, McCarthy, Pynchon y mi favorita Joyce Carol Oates, entre muchos más)

@heberquijano

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