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El internacionalismo de AMLO: cambio radical en su política

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López Obrador siempre ha sido reacio a vincular su movimiento a otras organizaciones internacionales. Hace años, se esperaba que su organización política sostuviera reuniones con el grupo de políticos de la izquierda Latinoamérica. Parecería natural su relación con los movimientos de Venezuela, Argentina, Chile, Cuba u otras naciones latinoamericanas que de forma exitosa llegaban al poder.

Sin embargo, López Obrador mantuvo siempre una distancia. No los criticaba, pero tampoco los elogiaba o reconocía de forma oficial. Mantuvo siempre un alejamiento y procuró que sus seguidores hicieran lo mismo. Tenía entre sus filas a un internacionalista como Porfirio Muñoz Ledo que vio pasar muchos años sin nunca ser convocado para armar una política de vínculos con otros países.

Algunos podrían concluir que ese distanciamiento fue ideológico. López Obrador jamás ha defendido una ideología comunista, socialista. Es más, ni siquiera de la socialdemocracia. Sus ideas las ha vinculado siempre al pensamiento de Juárez. Podría haberse encontrado alguna relación entre el pensamiento latinoamericano de Simón Bolivar y el nacionalismo de Juárez, pero nunca se escarbó por ese lado.
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Hasta la fecha, salvo el mal usado Porfirio Muñoz,  ni MORENA ni AMLO han dado luces sobre la creación de una figura que tenga un perfil internacionalista. Todos los políticos que han estado cerca de AMLO sirven para el propósito de hacer giras por todos los municipios del país, ser alcaldes, diputados locales o senadores. Pero ninguno tiene el perfil como para hacer una gira ya no digamos por África, el Medio Oriente, Rusia o Europa. Ni siquiera alguien que pudiese encabezar una política de relaciones con los países latinoamericanos. De ese tamaño es el aislamiento del movimiento de AMLO respecto del mundo.

AMLO no tiene reservas o cuestionamientos a otras ideologías. A partir de su juarismo no marca una raya respecto de otras propuestas ideológicas para gobernar. Es más, ni siquiera hace una crítica severa a la política norteamericana. Respecto de la pérdida de soberanía de México frente a otros países, no critica de forma directa a posibles invasores. Prefiere responsabilizar al gobierno mexicano por débil al entregar la nación que al extranjero por intervenir.

Parece decir que la debilidad de México no se origina en las políticas expansionistas de otras naciones o de grupos empresariales trasnacionales, sino en la debilidad de sus gobernantes por dejados, corruptos y agachones.

En este sentido, su aislamiento internacional parece provenir más bien de una especie de estrategia política cuyo diseño consistiría, más o menos, en lo siguiente:

1.-Lo importante es crear primero un gobierno nacional fuerte

2.- Ese gobierno nacional sólido no debe de tener vínculos de agradecimiento con otros gobiernos. Todo ello con el fin de evitar compromisos.

3.- Una vez en el poder, y basado en la política internacionalista de Juárez, iniciar sus relaciones con todos los países del mundo.

No sé si se haya llegado a producir un cambio en la visión internacionalista del movimiento de López Obrador. Los acontecimientos de los últimos días parecen marcar que existen modificaciones.

AMLO pasó de una gira por los pequeños municipios de Tlaxcala a la visita al Vaticano y París.

En el caso de El Vaticano, para marcar la disponibilidad de él como persona, y de MORENA como partido, a sostener vínculos estrechos con el Papa. No pidió una audiencia especial. Supo formarse en la fila de feligreses para con una sencilla pero eficiente acción propagandística ( una carta, una medalla y tres fotografías del evento) dejar en claro que admira al Papa y está dispuesto a sostener relaciones políticas con él.

Con ello, además de vincularse al líder religioso que más seguidores tiene en México y que estará de visita en nuestro país el próximo año, a mi entender, existe otra acción de fondo que no puedo dejar de comentar:

No debe perderse de vista que el Papa es el líder religioso que sirvió de intermediario para estabilizar  las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

El Papa no sólo da votos en México, también es un excelente mediador entre poderes internacionales incómodos  con los Estados Unidos. AMLO no es que digamos de todas las simpatías de Norteamérica: ¿quién mejor que el Papa para mediar esas diferencias? Por lo demás, AMLO está muy lejos de representar una incomodidad para los norteamericanos como lo fue la cubana. La política pacifista de López Obrador dista mucho de la política bélica de Cuba que llegó en un momento dado a permitir la instalación de bases nucleares rusas en su territorio.

Deberemos de ver qué tanto se amplía la presencia y las conferencias de AMLO en el extranjero. Aún es temprano para saberlo. Mientras tanto la lectura que hacemos no está nada alejada de la realidad. Por el momento, más vale dejar en comentarios todo lo que estoy diciendo.

¿Qué tan a fondo quiere llegar AMLO? Ya lo veremos si en un futuro cercano comienza a integrar a su equipo a responsables de política internacional. Entonces estaremos ante un verdadero cambio de su estrategia política en relación a como sea comportado en los últimos 20 años. Hablaríamos de un nuevo peje: el internacionalista. Cuentos y Cuentas. Edmundo Cancino

 

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